15 de agosto de 2019
15.08.2019
Zamoreando

La siesta como terapia

La cama, el sofá, la hamaca, cualquier elemento que permita estirar las piernas es bueno para invitar a Morfeo y compartir ese rato ¿único?

14.08.2019 | 20:04

Y lo es en tanto en cuanto no nos pasemos de dormida o de duermevela, que de todo hay en la siesta nuestra de cada día. Bueno, del que la practique. El verano invita a sestear como ninguna otra estación del año. El verano o una mala noche de insomnio que prácticamente obligue a resarcirse en ese tiempo entre la comida y la merienda que muchas personas no perdonan. La cama, el sofá, la hamaca, cualquier elemento que permita estirar las piernas es bueno para invitar a Morfeo y compartir ese rato ¿único?

La siesta tiene sus ventajas y también sus inconvenientes. Los que pillan cama, por aquello de la horizontalidad absoluta, suelen alargar, además del cuerpo, el horario en estrecho contacto con las sábanas. Al parecer eso no es del todo bueno para la salud del body serrano. Son muchos los expertos que aseguran lo que consideran incuestionable, que una siesta prolongada, engorda. ¿Será cierto? A los que sestean les van a chafar las próximas siestas. No se me vengan abajo porque todo tiene su medida y sabiendo medir los tiempos no hay kilos que valgan.

El aumento de peso está relacionado con la ingesta total de alimentos y el gasto calórico que hacemos a lo largo del día. Hay que quemar calorías a lo bestia. Hay que ponerlas a raya. Si las incubamos sin ponerles barreras, nos pueden hacer polvo. Y todo esto, ¿qué tiene que ver con la siesta? Me explico, un descanso de veinte minutos puede ayudarnos a tener más ganas de realizar deporte una vez despiertos y descansados e incluso nos puede ayudar a reincorporarnos al horario laboral. Esto último es más cuestionable, pero, bueno.

A lo que vamos. Si el tiempo de siesta, si el tiempo de descanso, sobre todo en horizontal total, se alarga más allá de esos 20 minutos establecidos como frontera, de entrada se alterarán los ciclos del sueño que nos abocarán a un sueño nocturno insuficiente, provocando que al día siguiente estemos más cansados. Ítem, como quiera que durante el sueño liberamos una hormona, la 'leptina', cuya función es transmitir sensación de saciedad, si el descanso nocturno es insuficiente, los niveles de la susodicha hormona descenderán y aumentarán las ganas de comer durante el día. Qué significa eso, pues que los kilos de más empezarán a alojarse en nuestro cuerpo. Y de ello tiene la culpa la siesta. ¿O no?

Si usted duerme una siesta de tres horas en condiciones, y por la noche es capaz de conciliar el sueño a la primera, o como mucho a la segunda no debe tener reparo alguno al respecto. No obstante, si engorda, vaya buscando a otro culpable. Póngase en manos de un buen endocrino, ahí está la doctora Patricia Gutiérrez Cobos para educarnos en ese sentido. A lo mejor la leptina ha huido de su vida, como de la de tantas personas que nunca se ven saciadas y tienen que luchar a brazo partido con los kilos. Debería haber un potenciador de esta hormona, hasta el punto de que ni ante el mejor manjar tuviéramos ganas de hincarle el diente.

Por cierto, España no tiene la patente de la siesta. Puede que tenga la del botijo. Se lo digo más que nada, porque esta costumbre que creíamos nacional por los cuatro costados también la practican los alemanes, los italianos y hasta los ingleses, tan suyos siempre. Lo mismo exportamos la siesta en su día y no nos enteramos. Los españoles somos así, tan 'echaos palante' que velay.

La siesta, como terapia contra el cansancio y el sueño a nadie sienta mal, pero ya sabe, en torno a veinte minutos. Todo lo que pase de ese tiempo es ponerse en contra de la leptina que es muy vengativa ella. Quien avisa no es traidor.

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