11 de agosto de 2019
11.08.2019

Del negocio, no del Gobierno, hablaban

La razón del desencuentro entre podemitas y socialistas

10.08.2019 | 20:38

No seamos ingenuos. Nunca fue el centro de la discusión el programa de gobierno, ni el tipo de acuerdo, sino, pura y simplemente, el negocio. O, si ustedes lo quieren menos crudo, la hegemonía. Que traducido en romance quiere decir que el fondo del asunto era quién repartía el dinero y quién cortaba las cintas, la visibilidad de cada uno para cobrar la factura en las urnas del final de la legislatura. De eso se trataba simplemente. Porque la cuestión de fondo es la pugna entra los dos partidos de la izquierda estatal: el PSOE trata de reducir a Podemos a la mínima expresión. Estos, alejada ya la ilusión del sobrepaso, tratan de crecer algo o, al menos mantenerse.

Porque no es cierto que, en virtud de sus principios o sus ideas, el PSOE no pueda pactar con Podemos, lo ha hecho en muchas partes del territorio español, estuvo dispuesto a hacerlo, y, si el precio es el adecuado -esto es, la suficiente "invisibilidad" de Podemos-, volverá a hacerlo. Ese es el motivo de no querer ver a Iglesias en el gobierno, y no otra: es demasiado conspicuo.

Tampoco al PSOE le molesta pactar con Bildu o ERC, como a veces parece insinuar, lo hace y lo repetirá. No son, pues, los principios, ni la izquierda, ni España lo que permite o impide los pactos.

Por parte de Podemos, la situación es la contraria, entrar en el gobierno o pactar sin que tengan la seguridad de que sus "acciones" (en el doble sentido de la palabra) en él van a traer fruto, no les compensa. Sólo a rastras, llevados por una presión interna irresistible o por el temor a que las próximas elecciones las gane la derecha, los llevarán a ese patíbulo.

Permítanme aprovechar para decirles que hubo momentos cómicos en el debate de investidura, en que ustedes habrán reído igual que yo. Momento insuperable de comicidad fue ver al PNV (Aitor Esteban) y a ERC (Gabriel Rufián) incitando a PSOE y Podemos, casi suplicándoles, a llegar a un acuerdo, ofreciéndose como mediadores y dándoles consejos para ello.

Otro que, por lo visto, dio consejos fue Zapatero, asesorando a don Pablo para que ofreciese cambiar el Ministerio de Trabajo por las políticas activas de empleo, transferidas a las comunidades autónomas. ¿Sabía don Pablo que esas competencias ya no están en manos del Ejecutivo? ¿Lo sabía ZP? Seguro que no. Por supuesto, este no lo habrá sugerido con maldad. Es uno más de sus disparates, materia esta, en la de los disparates, en que ostenta una marca semejante a la de Carmen Calvo. Con razón le decía a su mujer, recién situados en la Moncloa, aquello de "¡No sabes cuántos españoles podrían hacer este trabajo tan bien como yo!".

Y oyendo tantos consejos me acordé de una anécdota que corre como verdadera. Dice, que, allá en los años cuarenta del siglo pasado, el rector de la Universidad, don Sabino Álvarez Gendín, durante una conferencia, se confundió y enunció "dábale consejos don Quijote a Franco...", y que una voz profunda emergió de la sala y dijo; "que bien los ha menester". Pues eso, "que bien los ha(n) menester".

Volviendo al centro de la cuestión y dicho en otros términos, la razón del desencuentro entre podemitas y socialistas ha sido su profunda aversión hacia la simbología de los Reyes Católicos, pero no por aquello del xugu y les guiaes (o del yugo y las flechas, como prefieran), sino por lo del "tanto monta, monta tanto". Aquí solo cabalga uno, y el otro ha de ser cabalgado.

Porque, por otro lado, apenas habrán ustedes visto a nadie de la militancia socialista que se haya manifestado en contra de los pactos o los apoyos de Podemos, Bildu, ERC u otros. Se cuentan con los dedos de la mano. Y es que, como a don Pedro y su gobierno, todo les parece bien: el manto de la palabra "izquierda" es un sedativo más potente que la adormidera; el poder, un bálsamo más poderoso que el de Fierabrás.

Por cierto, ni una palabra por parte de aquellos próceres socialistas, como Page, Lambán u otros, que en el pasado bramaron contra la posibilidad de pactar con Podemos, ERC o Bildu, proclamando que sería un desastre para España y para el PSOE. Sonoro silencio. Y es que..., por cierto, ¿qué dice el título de este artículo?

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook