Don Joaquín Leguina ha hecho unas declaraciones al periódico "El Mundo" sobre diversos aspectos de la actualidad política. Entre otros, su preocupación por el "invierno demográfico" (es doctor en la materia por la Sorbona) que padece nuestro país con una tasa de fecundidad de las más bajas. Una situación que tiende a empeorar y, a su juicio, es difícilmente reversible. Pero la mayor parte de la entrevista se centró en exponer sus puntos de vista sobre la evolución de su partido, el PSOE, y la actuación de su líder Pedro Sánchez. Según el señor Leguina, el actual presidente del Gobierno en funciones "se parece más (en su comportamiento) a Zapatero. Pero sin duda Sánchez es mucho más listo y como persona mucho más duro porque no ha dejado títere con cabeza. Y eso es ejemplo del sectarismo más puro. Pero la prensa y los militantes le dan poca importancia". De la dureza de Sánchez para con los compañeros de partido que aspirasen o quisieran hacerle sombra no teníamos noticia. Flotaba en el ambiente la impresión de que Sánchez era un joven testarudo y muy capaz de navegar contracorriente en aguas turbulentas pero había trascendido muy poco sobre la dureza (yo diría crueldad) con la que trata a sus enemigos internos. Y ha tenido que venir un viejo zorro de la política como don Joaquín Leguina para descubrírnoslo.

No obstante, las declaraciones tienen un punto de mala uva. Especialmente, si en el juego de las comparaciones Leguina escoge a Zapatero, del que tienen una pésima opinión. Para el expresidente de la Comunidad de Madrid, Zapatero y Maragall son los máximos responsables del repunte del independentismo en Cataluña. Maragall por su empeño en negociar un nuevo Estatuto cuando nadie lo pedía. Y Zapatero por las sucesivas torpezas cometidas durante su tramitación. ¿A quién se le ocurre -se escandaliza- llevar a referéndum una ley que está pendiente de recurso ante el Constitucional? Luego, y ya de vuelta a la actualidad, se ocupa de advertir al líder de su partido del peligro a caer en un "progresismo ilimitado" apoyando toda clase de iniciativas lanzadas desde el "feminismo radical", un "lobby" (así lo define) pretendidamente de izquierdas.

Las declaraciones del señor Leguina han tenido amplio eco en los medios conservadores donde ha gustado mucho su propuesta de hacer un gobierno del PSOE con Ciudadanos para resolver la crisis territorial. Y don Joaquín, al que le encanta ser el Pepito Grillo de su partido, encantado. Hace años, contó en los medios una conversación que había tenido con Felipe González en la Moncloa. Al parecer, Felipe le comentó jocosamente que, por sus ocupaciones, ya ni se acordaba de cuando era la última vez que había hecho el amor. Joaquín le replicó: "Pues presidente, yo ya ni me acuerdo de cómo se hace". Los políticos son gente normal y con pasiones normales, pero para ejercer el oficio con cierta solvencia es necesaria dureza de carácter. Como la que Leguina le atribuye a Sánchez.