09 de marzo de 2019
09.03.2019
Los telares de Cris

Por nuestra ciudad, nuestra gente

Los políticos en la poltrona, los vecinos a laborar

08.03.2019 | 21:13

Se habla demasiado de los partidos, de los políticos, politicastros decían quizá con razón nuestros padres y abuelos. Se habla igualmente de una corte de burócratas, sindicalistas, liberados, directores generales, provinciales, inspectores y demás. Paniaguados de prebenda, canonjía y militancia. Alguna vez, la verdad, llegué a pensar que a algunos los bautizaron y además confirmaron con carné a modo de estampita o escapulario. Por descontado, no merecen ningún crédito. Mucho figurar y poco laborar, naturalmente a expensas del erario y el sufrido contribuyente.

Tales personajes, personajillos junto a pegados y arribistas progresistas de cualquier laya y condición, no son dignos de consideración ni estima pública.

Porque ellos representan la poltrona, la nómina y pensión máxima a los sesenta, sin que jamás hayan tenido que hacer cuentas ni cálculos, menos aún madrugar o trasnochar para dejar listos sus locales, sus tiendas, sus negocios y sus puestos de trabajo.

Nuestra Zamora, ciudad humilde, de ser algo será lo que sean nuestros autónomos, nuestros profesionales, nuestras gentes que se ganan honradamente la vida día a día en el viejo Mercado, en sus negocios, en sus empresas, en sus tiendas de barrio. También, cómo no, en sus oficinas, estudios y despachos, haciendo todos en la armonía justa vida, paisaje y paisanaje.

Quienes se limitan a cobrar con nómina y pensión asegurada a los sesenta son burócratas, funcionarios, o sea, lo público incluidos los políticos, que no quiero decir politicastros. Porque ya se sabe el mucho poder, la mucha autoridad, imperio y dignidad, por supuesto democráticos, que tienen, ostentan y ejercen.

Lo que humildemente pregunto, lo que me tiene intrigado, es por qué los socialburócratas de turno sólo se acuerdan de nuestras gentes a la hora de votar, cuando antes lo han hecho sólo para apremiar, cobrar y embargar.

Mientras, los políticos andan, como es natural, a lo suyo. O sea, a pedir el voto no ya cautivo, sino sencillamente incauto. En el fondo, para asegurar nómina, poltrona y pensión máxima a los sesenta, porque más allá acechan, para ellos que no para el resto, los previsibles achaques de la edad. Esto es, para los incautos los sesenta y cinco, tirando a los setenta e incluso más. Porque ellos, los políticos, sí tienen bula, mucho mérito y mucha burocracia. Quiero decir democracia. Por arrobas y quintales.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook