23 de febrero de 2019
23.02.2019

Rehala

En España se pretende abatir a un país en pie: mujeres, pensionistas, taxistas, el medio rural

22.02.2019 | 20:16

La rehala es una forma de cazar con una jauría de perros que acechan a mansalva a una pieza. La rehala política es una antigua manera de disputar el poder por aquellos que disfrutan de su monopolio. Hoy se está "venezuelando" la política en España, y el ladrido de la rehala: el insulto, las falsas noticias, las encuestas sesgadas, la malversación de ideas y de hechos, los interrogatorios, el relato tramposo? Pretenden aislar a la pieza para abatirla.

En 1970, los trabajadores británicos en huelga y sus líderes sufrieron esta estrategia. La política, la prensa, la publicidad, los programas de televisión, los humoristas, la descalificación permanente en las tertulias? llegaron a conseguir que nadie quisiera acercarse a un obrero, porque entre todos les hicieron parecer unos salvajes privilegiados: "scrounger". Hicieron ver que sus demandas políticas estaban agotadas cuando en realidad nunca se habían ensayado. Pero, sobre todo, lo que no iban a permitir a los obreros era su deseo de democracia más directa y participativa. La rehala acabo con ellos, y no fue ni la primera ni la última vez que la montería política se ha llevado a cabo.

Aquí lo que se pretende abatir es una España en pie. Mujeres, pensionistas, taxistas, un medio rural gritando que también existe, jóvenes en precario, trabajadores de Amazon, desahuciados, afectados por estafas bancarias, faltos de medicinas, víctimas de fondos buitres por el alquiler, consumidores críticos, plataformas en defensa de la sanidad y la educación pública, los falsos autónomos, los sin cuidados, los sin agua o con el agua al cuello?en pie con demandas justas y razonables, y que no responden, como quieren hacer ver, a un interés de grupo o gremio que va a lo suyo. Aquellos que los defiendan, también serán acosados por la rehala. Así se entiende la exagerada puesta en escena cuando no se ha aceptado que el Pacto de Toledo destruya las reivindicaciones de los pensionistas. Hay que decir, por encima de la rehala, que no había acuerdo. Que no se puede permitir aprobar un cálculo de las pensiones de toda la vida laboral. Que no se puede permitir la jubilación a los 67 años. Que no vamos a fomentar los planes de pensiones privados a cambio de lo público. Y que no falta dinero, porque lo hay y nos lo deben.

No hay derechas ni izquierdas. No hay feminazis ni taurinas. Sólo hay tres clases de españoles: los que pagan impuestos, los que no quieren pagarlos y los que no pueden pagarlos. Con impuestos se alcanzan los servicios básicos para la vida digna de las personas. Se construye comunidad y se crean las condiciones básicas para crecer como seres humanos. Igualdad, libertad y fraternidad siguen siendo la única demanda que nos separa de los que buscan en la desigualdad y en la precariedad sentarse sobre los demás.

La ultraderecha siempre ha existido, vivía como pupa en el PP, y en todos los países, tras la segunda guerra mundial, ocupando puestos políticos, militares y policiales. No ha sido culpa de ninguna izquierda que reviva sino de la debilidad de una derecha a la que se le ha reventado la maleta de la corrupción, un santoral vergonzante para cada día del año, desde ministros a chóferes. Por su culpa se les iba la presa y han reaccionado. Nos quieren apolíticos, activistas en la red, voluntarios de una ONG que quizá subvencionen, divididos en movimientos y matices políticos de salón. Quieren nuestra abstención en las urnas. Pero si toda la España en pie se mantiene en grupo, no habrá rehala que nos eche el diente.

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