08 de febrero de 2019
08.02.2019

Especular con el dolor

La bajeza humana de la estafa de los ataúdes

07.02.2019 | 19:47

Siempre me han llamado la atención muchos de los nombres de las empresas funerarias (El Salvador, La Soledad, La Dolorosa, Los Ángeles, La Pasión?). Son esos negocios que uno confía en esquivar a toda costa, pero a los que al final tenemos que acudir ante el fallecimiento de un familiar o amigo. No sé si los precios de los servicios que prestan, de los ataúdes y de toda esa retahíla de artículos rituales deben ser los que son, pero a simple vista constituyen un desembolso económico excepcional, que además aceptas en momentos sumamente tristes y en los que el valor del dinero pasa a un tercer plano. Acabas de perder a un ser querido y a los pocos minutos te ves eligiendo un ataúd y qué tipo de corona de flores quieres para despedirle. Todo es un poco sinsentido, porque el dolor y la angustia profunda se entremezclan con lo banal, lo material y la pela. Incluso muertos, hay diferenciación social por razón del tamaño del bolsillo. O sea, un despropósito.

En 2017 fallecieron en España más de 422.000 personas. Multipliquen por varios miles de euros cada uno de esos sepelios. Un negocio muy rentable y, además, con clientela fija. De ahí que sean aconsejables todas las inspecciones y medidas de vigilancia por parte de las autoridades competentes para que nadie trate de trapichear y estafar en momentos en los que, lógicamente, tenemos bajada la guardia.

Lo que vamos conociendo estos días en relación a las investigaciones practicadas a la funeraria del grupo El Salvador de Valladolid es de una bajeza humana tremenda. Aprovecharse sin escrúpulos del dolor ajeno es abyecto. Una aberración y un acto ominoso. Sería inmoral decir que por unos pocos pecadores deben pagar todos los justos, que son la inmensa mayoría de esas empresas con nombres tan poco sugerentes. Eso tampoco. Lo que sí digo es que este sector necesita una homogeneización normativa y una revisión de sus prácticas y precios. Como negocio es legítimo todo margen ganancial para quien lo explota, pero la muerte de una persona no debería ser la causa del inverosímil lucro de unos cuantos a costa del dolor de otros.

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