07 de febrero de 2019
07.02.2019

Rasgos determinantes de la ciudad (I)

El afán especulativo siempre ha estado presente en los negocios inmobiliarios

06.02.2019 | 21:47

El título del artículo responde al deseo de caracterizar los fenómenos referentes a la evolución urbanística de nuestra ciudad, a partir de la descripción de los accidentes que han incidido en su conformación y así poder completar una descripción en los términos mas sucintos pero si determinantes, y al haberse hecho permanentes estos ajustes sucesivos ,han ido dando paso a formas e imágenes que han venido a modificar las aportaciones del pasado.

Los tiempos de la ciudad han ajustado su evolución a la que han marcado los cambios de su sociedad contemporánea; generalmente lo han sido a un ritmo creciente ,y para ello han tenido que recoger pautas y formas que han facilitado su vertebración compartida con su legado histórico y todo ello con el fin de cumplir con su viabilidad social. En la época que nos ha tocado vivir ,como ciudadanos nacidos en el siglo XX, y teniendo presente la poderosa carga del pasado, la ciudad se ha visto sometida a nuevos tipos de demanda ,en virtud de la entrada en la vida pública de nuevos protagonistas y de los avances tecnológicos que han ampliado una capacidad de respuesta a estas nuevas demandas.

Ahora tocaría hablar del factor determinante y principal que se ha erigido en el motor de los cambios que ha sufrido la ciudad en este pasado siglo. Hay que señalar en primer lugar al objeto especulativo en que se ha convertido el desarrollo y trasformación urbanos. Siempre ha estado presente el afán especulativo en los negocios inmobiliarios.Y seguiremos dependiendo de ellos.

Hay una diferencia sustancial entre las distintas modalidades especulativas. A comienzos del siglo pasado se inicia en la ciudad la trasformaciòn del núcleo urbano central en donde se desarrollará toda la nueva actividad mercantil de la ciudad. Aparejada con ella la producción sigue un nuevo modelo económico, el de la inversión inmobiliaria que acapará las tradicionales formas de ahorro. Estos inversores van a invertir lo que tenía guardado como ahorro,ihasta el punto de convertirse en la nueva forma de captación de capital de toda la provincia. Aparecen nuevas tipologías residenciales y de comercio y con ello nuevas formas arquitectónicas de raíz europea ,como el modernismo o el regionalismo,y que incorporan nuevas técnicas constructivas. Todavía recuerdo el bloque de viviendas propiedad de un pariente que, aún teniendo cinco alturas, su estructura era de muros de carga de medio pie de ladrillo.

El proyecto era de un arquitecto catalán, técnica que aquí no de dominaba. Esta renovación fue espectacular, porque cambió la imagen de la ciudad.Con las nuevas tipologías arquitectónicas se satisfacía un nuevo tipo de demanda para una burguesía de superior rango económico. Nuevas mansiones y hotelitos aportaron a la ciudad, variedad y un refinamiento hasta entonces desconocidos.Pero esta aportación descubre el valor especulativo del nuevo caudal que revelan sus arquitecturas. En cambio palidecen otras formas de economía tradicional como las actividades agrícolas o industriales.

Estos nuevos flujos económicos empiezan a actuar como los verdaderos protagonistas en la ordenación de la ciudad.Y así, las nuevas tendencias empujan hasta apurar todas las posibilidades de aprovechamiento edificatorio, liquida espacios libres de todo rango, semipúblicos, privados o productivos, también tipos residenciales de alta representación,conventos e instituciones de beneficiencia, cualquier equipamiento de tipo sagrado o civil.

Y el resultado es el que tenemos, una ordenación que se compone de bloques de edificación de abultada volumetría que ha convertido en precarios los espacios diseñados en su origen para edificaciones de dimensiones mesuradas.Y además añadir la circunstancia de los escasos espacios libres que existen para parques que parecen etar aquejados de una escasa frondosidad que se contradice con la avanzada edad desde que fueron creados. Eso revela el grado de indiferencia que la ciudad ha ido adquiriendo con los espacios libres entre tanta edificación.

Parecería que estos rasgos de caracter histórico levemente descritos son un ejercicio de masoquismo al referirnos una y otra vez a los fallos con que la ciudad se ha desarrollado.Pero no veo otra forma que el de ejercitar este tipo de exámenes retrospectivos de forma insistente para que las vicisitudes por las que ha pasado la historia de la ciudad sea una materia conocida por sus ciudadanos y que los ciudadanos tengan los suficientes datos para producir opiniones fundadas y así evitar en el futuro equivocaciones como en el pasado.

El modelo de ciudad que fue todavía sigue existiendo, y para algunos que así lo vivimos, lo intentamos rescatar mediante el recuerdo. Por eso los mayores, que conocemos con mayor amplitud sus avatares , tenemos una deuda con la ciudad. No se trata de lamentarnos "por los muros de la patria mía", pero si el de ayudar a distinguir y valorar los innumerables pasos dados en las decisiones que conlleva el plan de la ciudad . Y, de paso, descubrir el potencial que tiene el de perfeccionar su Memoria, la que nos alumbre los recursos que pueden volver a dar esplendor a la ciudad.

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