13 de enero de 2019
13.01.2019
Editorial

Los espacios protegidos sí pueden salvar a la Zamora rural

12.01.2019 | 20:48
Lago de Sanabria.

A tenor de los datos demográficos expuestos esta semana por LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA podría deducirse una hipotética incompatibilidad entre la declaración de zonas naturales protegidas con la supervivencia del mundo rural. Los municipios de los dos parques naturales, el del Lago de Sanabria y alrededores, y los Arribes del Duero, han visto disminuir en 3.000 personas sus respectivos padrones desde que se declaró la protección de los espacios.

Basta comparar con otras zonas de España para llegar a la conclusión contraria: la protección de los paisajes contribuye a asentar población y elevar la renta económica de sus habitantes. Está demostrado en zonas en las que existen idénticos problemas de abandono y envejecimiento como Los Monegros, en Aragón, donde, tras décadas de descenso demográfico se ha conseguido revertir la situación. Informes oficiales del gobierno aragonés demuestran que, de 24 zonas incluidas en el Parque Nacional de Ordesa y los cuatro parques naturales de dicha comunidad, la población había crecido en 13 y en otras seis había decrecido menos que en el resto de Aragón. Lo mismo ha ocurrido en Andalucía con Las Alpujarras.

En todos los casos, las medidas de protección natural han ido acompañadas por la apuesta decidida por la agroindustria o la ganadería como fórmulas para asentar la población. El objetivo, por tanto, no puede quedarse en la hostelería y en la aportación de los turistas. Y ese es el pilar sobre el que, probablemente, aún no se ha trabajado suficientemente en la provincia de Zamora, donde es palpable el rechazo que existe de los pobladores hacia la existencia de figuras administrativas que, entienden ellos, protegen más al medio que quienes lo habitan, porque no se ha sabido establecer una verdadera simbiosis entre ambos. Mientras esa relación no se asiente, proseguirá el abandono y tendrán lugar consecuencias nefastas como los incendios que, año tras año, colocan a la provincia zamorana a la cabeza de hectáreas que arden, sobre todo en Sanabria y en los Arribes.

Tampoco tiene Zamora la exclusividad en el desencuentro. La figura de parque nacional, todavía más restrictiva en cuanto a usos que la de parque natural, provoca más de un conflicto, por ejemplo, en los vecinos Picos de Europa, compartidos entre Castilla y León, Cantabria y Asturias. Es uno de los que cuenta con menor aceptación entre sus pobladores, dentro de un estudio comparativo de todos los parques nacionales españoles. Quizá porque, como les ocurre a los zamoranos, el declive de las actividades tradicionales asociadas al sector primario genera un sentimiento de exclusión, la sensación de que el parque es gestionado por una administración alejada y cuyo uso y disfrute está pensado, sobre todo, para los turistas.

Es un difícil equilibrio el que debe conseguirse, porque el turismo asociado al medio ambiente ha conseguido cotas muy importantes en Zamora. Solo en Sanabria sobrepasan las 600.000 las visitas que se reciben anualmente y se siguen superando los récords de afluencia. Algo del consumo que va entrelazado con el visitante habrá tenido que ver, sin duda, en que el pasado año fuera Puebla de Sanabria el municipio que registrase mayor renta media de la provincia. Pero, si ahondamos en el fenómeno, hay que tener en cuenta también que se trata de un turismo vinculado a una época muy corta del año, el verano, donde los problemas de masificación pueden dar al traste con la gallina de los huevos de oro, y que, obviamente, ni todos los sayagueses ni todos los sanabreses que aún resisten en tienen negocios hosteleros como fuente principal de vida.

A la hora de analizar ese bajón demográfico debe tenerse en cuenta, además, que ambas comarcas han sido, por antonomasia, lugares de emigración debido a la inexistencia de alternativas más allá de las más rudimentarias tareas agrícolas y ganaderas. Como no se ha avanzado en este campo, el único que ha prosperado en los últimos años ha sido el de la hostelería vinculado al turismo medioambiental. En esa misma línea insisten las proyecciones ligadas al gran proyecto transfronterizo nacido del reconocimiento de Reserva de la Biosfera por parte de la Unesco que incluye, además de Sanabria, Arribes y otros territorios protegidos como las Lagunas de Villafáfila o la Sierra de la Culebra en Zamora, otros espacios de la provincia de Salamanca y del vecino Portugal.

La iniciativa "Meseta Ibérica", relanzada a finales de año por el Patronato de Turismo de la Diputación en la feria Intur, contiene líneas de emprendimiento que deben explotarse para que se cumplan las expectativas generadas cuando se presentó el proyecto hace ya tres años, más allá del evidente éxito turístico en el caso zamorano. Los mismos informes señalados sobre otros territorios protegidos insisten en que existe una desinformación grande por parte de sus habitantes en cuanto a las líneas de ayuda que conlleva permanecer en un espacio natural. Aunque en años anteriores alcaldes de Arribes y Sanabria se han quejado de los recortes por parte de la Junta de Castilla y León, "Meseta Ibérica", gestionada por la sociedad Zasnet desde Zamora, la zona con mayor número de hectáreas reconocidas por la UNESCO, aspira a obtener fondos europeos para todas aquellas empresas que se vinculen a la propuesta y que se adhieran a la marca de garantía que irá aparejada a la producción. Algo que ya se ha llevado a cabo en territorios donde sí se ha apreciado el crecimiento de población y renta dentro de parques naturales.

Existen ya algunos casos de explotaciones ligadas a los frutos silvestres, setas y otros productos alentados también desde la Diputación. Esa vertiente debe ser explorada y explotada convenientemente. Debería existir una línea de trabajo y asesoramiento capaz, por ejemplo, de promover cooperativas que rompan definitivamente la tradición minifundista, de forma que puedan darse salida a productos de calidad que el mercado demanda. No tiene sentido que habones que se consumen como sanabreses vengan importados de Latinoamérica debido a la escasez de la oferta, mientras existen tierras baldías que podrían explotarse en común en muchos de los pueblos que hoy languidecen. O que las manzanas queden sin recoger porque la única firma que se encargaba de su venta y exportación haya pasado a mejor vida. No hay ninguna fórmula mágica, pero sí pequeñas acciones que, convenientemente tuteladas en su arranque, pueden permitir que se reproduzcan en Zamora esos resultados envidiables obtenidos ya en otras comunidades.

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