10 de enero de 2019
10.01.2019

España

El uso partidista de los símbolos de todos los españoles es lo contrario a un patriotismo ilustrado

09.01.2019 | 20:25

No es la primera vez que titulo un artículo con la designación de nuestro país, y lo hago a petición de algunas personas, amigos y conocidos que me invitan a comentar la confusión y tergiversación, que con mala fe, lo están utilizando las derechas (Partido Popular, Ciudadanos y, ahora Vox), que tratan de monopolizar frívolamente el nombre de España. Ya sé que también ocurre en otros Estados; recientemente lo ha hecho el ultraderechista Bolsonaro nuevo presidente de Brasil, que pregona: Dios patria machismo y xenofobia.

Como hemos comprobado, la lucha entre partidos para ver cuál es más español y por lo tanto defiende mejor su bandera, empieza a convertirse en algo habitual. La última batalla la han protagonizado Vox y el Partido Popular en la conmemoración del Día de la Toma de Granada por parte de los Reyes Católicos. El PP ha pretendido hacer uso partidario del festejo, repartiendo más de 4.000 banderas de España. Vox también ha estado allí para sacar pecho, tirando de racismo contra los musulmanes, calificando su estancia en España durante siglos como invasión, para lo cual no han tenido ninguna dificultad de lucir al viento banderas franquistas y exhibiendo blasones, al mismo tiempo que intercambiaban insultos. Seguramente los líderes del Partido Popular le disputan a Vox (y viceversa) los símbolos más reaccionarios y casposos, utilizando más descalificaciones que argumentos. Todo ello contrasta y es contrario, de lo que fue el consenso incluyente, representado por el debate constitucional de 1978.

Estoy convencido de que lo que estamos presenciando, es decir, el uso partidista de los símbolos de todos los españoles, es la posición contraria de lo que debería ser un patriotismo correctamente ilustrado. Porque no se puede prescindir ni descalificar la condición sincera del ser nacional a quienes no tienen la misma percepción y sentimiento. Esto es así, porque desde hace muchos años (ya en la Transición) la derecha se apropió el derecho y monopolio político de los símbolos, aunque le cuesta aceptar la bandera de todos, es decir la constitucional porque las "ideas patrióticas" de los nacionalistas (de todos los nacionalistas) son excluyentes.

Cuando la inmensa mayoría del pueblo español había superado la dictadura franquista, decidimos abandonar los enfrentamientos que nos separaban para buscar un espacio compartido en el que pudiéramos convivir respetando el pluralismo de los ideales. También ante el reconocimiento de la diversidad de los pueblos y las Comunidades que constituyen la realidad de España. Y es que salíamos de una dilatadísima dictadura, que había sido antecedida de un golpe de Estado y una violenta Guerra Civil (más bien incivil) y como consecuencia de cuarenta años de ausencia de libertad, aunque eso sí de exilio y represión.

Deseábamos vivir en libertad y, que nosotros y nuestros hijos, disfrutaran dentro de una sociedad democrática y en paz donde tuvieran acomodo todas las personas, con independencia de sus orígenes e ideales, naturalmente aceptando el nuevo Estado social, democrático y de derecho. Trabajamos para romper el aislamiento al que nos tenía sometido la dictadura. Dictadura despreciada por la inmensa mayoría de los Estados democráticos. Queríamos construir una España unida, aunque huyendo del estéril centralismo político, incapaz de reconocer la diversidad, al tiempo de mantener la unidad y la lealtad constitucional.

Todo ello fue viable a través del diálogo, el compromiso, el consenso, el pacto y la reconciliación. Y así fue factible nuestra incorporación a la Unión Europea, eso si, después de en un intenso debate de cesión de soberanía, para compartirla con los demás países de la Unión.

Estos importantes y trascendentales acontecimientos fueron posible hace 40 años, y les aseguro que no fue nada fácil. Por lo tanto no desatemos nuevos demonios, conflictos y enfrentamientos y apliquemos nuestros mejores esfuerzos (el de todos) para hacer las reformas necesarias que aseguren y protejan la convivencia libre y pacífica que en su día construimos la inmensa mayoría de los españoles. Por cierto: ¿no sería pedir mucho la no utilizar del nombre de España en vano?

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