Desde que quedaron atrás las fases más agudas de la recesión económica, ha caído en el olvido el debate sobre la fusión de municipios que defendió el Gobierno del PP azuzado por Europa. Cinco años después de la polémica medida argumentada por razones de insostenibilidad económica por parte de la UE, poco o nada se ha movido en España. En el conjunto estatal incluso se han aumentado otros seis municipios con respecto a la época en la que parecía inevitable reducir estructuras como la que persiste en provincias como Zamora.

En el territorio zamorano se mantienen los 248 municipios, pese a la escalada de la emigración contrastada ayuntamiento a ayuntamiento, de los que una veintena han descendido un nuevo escalón al quedar por debajo de los 250 e incluso de los 100 habitantes. Se incrementa la franja de los municipios, todos ellos compuestos por varios pueblos, de entre 100 y 250 habitantes en la provincia, que son el lugar de residencia para más de 44.000 personas, un cuarto del total de un padrón menguante de 174.549 habitantes.

El mapa que muestra el Instituto Nacional de Estadística concentra a la mitad de la población en los tres grandes núcleos: Zamora capital, Benavente y Toro. También los tres pierden empadronados. Hace tiempo que en la provincia desapareció el fenómeno de trasvase del mundo rural al urbano dentro del mismo territorio. Tampoco funciona el agrupamiento en las cabeceras de comarca, en vista de que solo unas 20.000 personas residen en municipios de entre 500 y 1.000 habitantes, remarcando otra vez que en Zamora ese tipo de ayuntamientos puede estar formado por hasta ocho pueblos y en cada uno de esos pueblos habitar unas pocas decenas de vecinos, con suerte.

A Zamora la acechan como nunca el envejecimiento y la emigración hacia otras provincias, hacia otros países. El panorama que dibuja el último padrón es el de un territorio despoblado y disperso, lo que pone aún más cuesta arriba prestar los servicios básicos a los que tienen derecho quienes allí tienen su hogar.

Puesto que uno de esos derechos es, efectivamente, el de elegir lugar de residencia, resulta difícil abrir el melón de un reordenamiento eficaz. El mapa de reasignación de servicios aprobado por la Junta, cuya marcha es tan lenta que aún no puede hablarse de una puesta en práctica, es posible que se haya quedado ya obsoleto ante el avance imparable del desierto demográfico. Pero las medidas que contempla para la creación de mancomunidades y otras figuras que contribuyan a eliminar esa dispersión son el único modelo viable en el horizonte. La lentitud en ese paso de la teoría a la realidad, después de años, de debate, resulta ciertamente explicable porque la cuestión tiene abundantes espinas y ha servido, sobre todo, como herramienta de reproche político al partido de turno en lugar de un necesario punto de partida para construir un nuevo modelo más sostenible y que asegurara mayor prosperidad. Resulta ineludible avanzar hacia estructuras administrativas más eficaces y rentables, respetando las señas de identidad de cada colectivo, sí, pero superando los atavismos minifundistas, esa feroz individualidad que es uno de los lastres que arrastra la Zamora del subdesarrollo y el abandono.

Para llevarlo a cabo no queda otra que la implicación de quienes son responsables de dichas administraciones y que gestionan los servicios mediante los recursos económicos obtenidos de los ingresos de los habitantes. A medida que mengua el padrón, menguan los ingresos. Sin un nuevo modelo de financiación local, a expensas de otra asignatura pendiente como la financiación autonómica, las costuras de la actual estructura administrativa no aguantan más desgaste. Y todo ello obliga a una transformación aún más profunda del papel jugado por las diputaciones, que pueden resultar clave en la estructura de provincias como Zamora porque, de otra forma, las instituciones de este tipo quedarían abocadas a la desaparición que preconizaban algunos partidos políticos de nuevo cuño.

Demasiados intereses se cruzan en esta batalla del vacío poblacional, incluidos los electorales: el resultado de este padrón al finalizar 2018 es que los pueblos perderán 40 concejales. Los expertos que sirven de consultores a los Gobiernos centrales y a la Unión Europea fijan unos criterios muy estrictos a la hora de decidir sobre la solvencia de una estructura municipal con un mínimo de 5.000 habitantes. De aplicarse alguna vez a rajatabla, la provincia podría quedar reducida a tres únicos municipios. Zamora sigue perdiendo representatividad y peso político, pero, sobre todo, pierde a los zamoranos que son los únicos capaces de hacer efectiva la soberanía del territorio.