A todos nos gusta; pues casi nadie es masoquista, pues de todo hay en la "viña del señor"; que se nos trate con educación, con respeto, con consideración, con amabilidad, con simpatía, con empatía, etc., etc., etc.; lo que implica un mayor grado de satisfacción, de bienestar, de alegría; y, a su vez, de aprecio a quiénes tienen tales comportamientos, lo que les supone, a su vez, su mayor estima por los receptores de ellos; que, a su vez, en un mundo cada vez más interrelacionado, y no viviendo en una "burbuja aislada", también desearán que los demás, asimismo, les traten con un mínimo de cordialidad.

La verdad, es que las actitudes antedichas brillan, generalmente, por su ausencia; lo que es sorprendente en gentes que por su supuesta preparación académica, por sus responsabilidades profesionales en los ámbitos de la política, del sindicalismo, de la función pública, de la empresa privada, de la paternidad, de las organizaciones de todo tipo y condición, etc., tienen la obligación inexcusable, entre otras muchísimas, de ser receptivos, comprensivos, de intentar resolver la problemática que los destinatarios de sus competencias y obligaciones les puedan plantear; y, por supuesto, evitar todo tipo de deducciones, en los comportamientos de quiénes tienen que atender, totalmente falsas, con los perjuicios de todo tipo que les pueden acarrear a quiénes tienen la desgracia de "caer en sus garras", que esto, lamentablemente, sí que es más frecuente de lo deseable.

Y, como siempre, la educación, un auténtico fracaso, en las últimas generaciones, debido a la falta de vocación y profesionalidad del magisterio, de la observancia de las obligaciones paterno-filiales, y que menos mal sus máximos responsables universitarios se acaban de plantear que "además de la nota de corte", generalmente de la más baja para acceder a los denominados "estudios superiores,(sic)"; se debiera ponderar otras actitudes y aptitudes de quiénes desean ser maestros, ¡albricias¡; donde la VOCACION es fundamental, y también tan escasa en un mundo que se mueve "por el mínimo esfuerzo", por el "laissez faire, laissez passer" a todos los niveles de observancia de obligaciones y compromisos libremente adquiridos.

Por todo ello, sorprende, sobremanera, que todavía queden algunas familias que no solo cumplan con los requisitos implícitos en lo que es una buena persona y profesional; sino que sobrepasando en mucho lo que es la consideración hacía los demás, la amistad, etc., todavía practican, lo que nuestros "tataras" tenían como timbre de gloria y de estima propia y ajena, como es el sentido de la hospitalidad, entendida, como contempla el diccionario de la Real Academia Española, en su segunda acepción, " Buena acogida y recibimiento que se hace a los extranjeros o visitantes". De ello tenemos una excelente muestra; pues, todavía quedan, aunque escasísimas; el pasado día 26 de diciembre, con ocasión de la celebración del Zangarrón de Sanzoles del Vino, donde el acogimiento por sus vecinos fue excelente a los que acudimos invitados por la familia de D Celedonio Pérez, que fuera redactor-jefe de La Opinión de Zamora; y que nada más llegar los organizadores nos ofrecieron unas magníficas sopas de ajo y posteriormente huevos con embutidos, etc. Pero es que, además, el trato, el afecto, la magnificencia, en calidad y cantidad, dispensado por dicha familia, en la comida que se celebró en su domicilio en la que nos juntamos ¡20 comensales 20¡, fue digna de las antiguas tradiciones y costumbres de los castellanos generosos y espléndidos. También, hay que destacar, la calidad humana de los asistentes, que hizo, que sin conocernos la mayoría, nos encontráramos cómodos, como en "nuestra casa", quedando como amigos; lo que lo dice todo de sus generosos anfitriones.

El desarrollo del evento de El Zangarrón, como siempre, estupendo, como no puede ser de otra manera con una población que lo considera como una de sus tradiciones más queridas, como lo corrobora su escultura en la plaza del pueblo, el museo a él dedicado y la existencia de una "Asociación Amigos del Zangarrón", que trata de mantener y potenciar esta tradición que, como todas, hay que procurar mantener y potenciar.

La excelente crónica sobre la fiesta de El Zangarrón del pasado día 26 de diciembre publicada en La Opinión de Zamora, del día 27 de diciembre, firmada por Celedonio Pérez, págs.. 20 y 21; como lo escrito por Bernardo Calvo Brioso en el texto "Mascaradas de invierno en la provincia de Zamora", en el coleccionable publicado por LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA, págs. 277 a 287; nos informan e ilustran de tan antiquísima tradición, siempre necesaria conocerla para entender más y mejor nuestro presente.

Les sugiero que el próximo año no se pierdan El Zangarrón de Sanzoles, recuerden el 25 y 26 de diciembre, que es Fiesta declarada de Interés Turístico Regional, lo que corrobora y acredita su importancia.

Y lo dicho al pueblo de Sanzoles, como a Celedonio Pérez, a su esposa e hijos ¡Muchísimas gracias!