11 de diciembre de 2018
11.12.2018

El futuro está mal repartido

Una invitación a disfrutar el presente

10.12.2018 | 22:46

La acusación falsa es el peor de los crímenes, porque impide perseguir todos los demás. Por ejemplo, se culpa a los políticos de inmediatez o cortoplacismo, cuando el peligro más acuciante es el peso creciente del futuro. Las elecciones andaluzas eran un aperitivo de las generales, preocupa el porvenir del planeta, de la Constitución, de la monarquía. La actualidad se consume a tal velocidad que por fuerza ha de invadir campos limítrofes. Aunque se empeñen los nostálgicos, el pasado de las efemérides efímeras es aburrido, salvo que se reinterprete futurista en Juego tronos. Por tanto, lo que va a ocurrir ha sustituido a lo que ocurre.

El trabajo es solo un pasaporte hacia la jubilación, la política se reinterpreta en compañía aseguradora centrada en estimar y resarcir de riesgos no materializados. En Navidad se planean las próximas vacaciones de verano, y viceversa. El grado sumo de inteligencia remite a la prospectiva, pese a que la única evidencia de la historia de la humanidad es que ningún humano supo predecir el futuro. El ciberprofeta William Gibson no se refería estrictamente a esta invasión de la realidad al avanzar que "el futuro ya está aquí, solo que está desigualmente repartido". Una cita gana en valor cuando puede aplicarse a un ámbito inesperado.

La economía está en desuso. En vez de preguntarse por el nivel de riqueza, el ciudadano del XXI avanzado se preocupará por el futuro disponible. No en la cantidad que mide el reloj, sino en la intensidad de porvenir a su alcance. Circulan ya algunas estimaciones. Según el patrón de Uber, el nacimiento en el centro de la ciudad o en el extrarradio determina la suerte futura con mayor fuerza que criterios de orden materialista. Mientras los chacales explotan lo que todavía no ha sucedido, esta huida perpetua ha dejado un gran espacio libre. Se llama presente, a veces hoy. No se deja atrapar, pero puedes disfrutarlo si te relajas.

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