07 de diciembre de 2018
07.12.2018
Cartas

de los lectores

La Soledad

06.12.2018 | 20:20

"El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad"

Schopenhauer.

Leía, hace unos días, un artículo donde se recogía que, la soledad es el estigma del siglo XXI y, en efecto, así es.

Hoy domingo por la tarde, después de comer, antes de ponerme a escribir estas líneas, me he dado un paseo y he podido observar que, las nuevas tecnologías nos encierran cada vez más en nosotros mismos. Observaba que en la terraza de la cafetería de un céntrico paseo de Valladolid, cuatro jovencitas, de no más de veinte años, estaban sentadas tomándose un café, y cada una de ellas tenía su teléfono móvil en la mano, presumo que consultando información o enviando mensajes por was...., ; pude apreciar que permanecían en silencio y sin cruzar palabra alguna, cuando uno de los placeres de quedar a tomar café, es precisamente la conversación.

Me viene a la memoria mi columna "Sobre el placer de conversar", créanme que, es algo que echo de menos, por la aceleración del mundo en que vivimos, pese a ello, siempre que las circunstancias me lo permiten, procuro conversar, es para mí un placer; matizo con personas con las que me encuentro a gusto, todo hay que decirlo.

No debemos permitir que las nuevas tecnologías nos encierren, cada vez más, en nosotros mismos, tolerando que ganen terreno la incomunicación y la soledad.

La soledad es mala compañera de viaje.

Hemos de procurar disfrutar de la vida, mantener ilusiones, tener metas, deseos y proyectos que llevar a cabo y objetivos reales.

Creo recordar que, en alguna de mis columnas he apuntado que la soledad no deseada, es un auténtico problema que va a perjudicar seriamente nuestra salud.

A poco observadores que seamos, nos percataremos que las personas necesitamos momentos de conversación, momento que parece ser que en las ciudades a penas se da.

Recordarán las personas que proceden del ámbito rural, como quien estas líneas escribe, que en los pueblos esa soledad no se daba, pues, existía una solidaridad que podemos denominar vecinal, donde se compartía todo, la merienda, los juegos, la ayuda, las preocupaciones, todo, pues, si alguna persona vecina no salía a la calle, todo el vecindario se interesaba por ella.

Eran tiempos donde no existía tanta tecnología, pero puedo asegurarles, queridos lectores y ustedes tendrán seguramente las mismas experiencias que, la humanidad, la solidaridad y la hermandad fraternas eran verdaderas y sinceras y nadie estaba aislado o en soledad, a excepción de aquellas personas que impedían el acercamiento, que de todo hay en la viña del Señor, raritos los ha habido y los hay.

En nuestros tiempos es un estigma el de la soledad que nos perjudica a todos y no olvidemos que hemos de cuidar nuestra salud.

Procuremos no estar solos hemos de conectar con otras personas, es una experiencia reconfortante. No tengamos miedo y creemos vínculos profundos con otras personas basados en el respeto y en la confianza. Digamos no a la soledad!

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