21 de noviembre de 2018
21.11.2018
La Opinión de Zamora

El divorcio que desea La Zarzuela

20.11.2018 | 22:10
El divorcio que desea La Zarzuela

He aguardado un plazo prudencial a comentar el divorcio de Cristina de Borbón, publicado en "Lecturas" y negado de inmediato por un abuelo de la Constitución en nombre de la número seis a la sucesión en el trono. El retraso en el comentario se debe a que la separación de la Infanta era el desenlace soñado por la Corona, para disminuir el impacto del caso Nóos al endosarlo a una oveja descarriada y expulsada. Por tanto, el desmentido de La Zarzuela hubiera seguido la línea de que "la noticia sobre la ruptura es falsa, por desgracia".

El titular "Condenado el cuñado del Rey" pierde mecha al corregirlo en "excuñado". La Zarzuela abordó el estallido del caso Infanta con la misma suficiencia que en primer lugar desató el escándalo. La simplicidad del plan reposaba en la obediencia ciega imperante en la Familia Real. La negativa de la Hija al divorcio forzoso se plasmó en la línea del "más vale que te guste", que Cristina de Borbón le soltó a su augusto padre para otorgar irreversibilidad al matrimonio con un balonmanista. Como mínimo, Palacio esperaba imponerle un abogado a Urdangarín, para tenerlo controlado. Se despertaron en cambio con el fichaje inesperado "de un amigo suyo", que así despachaban el currículum de Mario Pascual Vives.

Mientras Cristina de Borbón conservaba o incluso engordaba sus contratos laborales, La Zarzuela propugnaba la expulsión de Urdangarín de los sucesivos momios que había obtenido únicamente gracias a su ingreso en la Familia Real. La presión palaciega fue más intensa que la voluntad de las empresas afectadas de soltar lastre tóxico. De nuevo, Palacio no pretendía castigar al yerno torpe, según prueba el hecho de que ninguna poderosa corporación lo acusara de estafa y de que todas abonaran religiosamente la deuda adicional contraída con Hacienda. La Corona solo quería asustar a la Infanta con un futuro menesteroso. De momento, no ha funcionado.

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