14 de octubre de 2018
14.10.2018
Buena jera

Así no vamos a ninguna parte

El 40% de los que cobran la PAC en España tiene más de 65 años

14.10.2018 | 00:58
Así no vamos a ninguna parte

La Junta empezará a pagar pasado mañana las ayudas de la PAC, ese dinero que viene de Europa para compensar las rentas agrarias y evitar la subida de precios en origen (o eso dicen). La consejera de Agricultura fijó en cerca de 400 millones de euros la cantidad que se distribuirá ahora, algo menos de la mitad de los 899 millones que llegaron a Castilla y León en 2017.

Buena noticia, la del pago, para los agricultores, para el campo, dijo Milagros Marcos al anunciar la buena nueva. ¿Para los agricultores?, ¿para el campo? Hombre, sí, aunque hay por ahí unos datos preocupantes, de los que dan mucho que pensar. Me refiero, en concreto, a un reciente estudio del Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA) que revela que el 40% de los perceptores españoles de las ayudas de la PAC tiene más de 65 años, o sea que están jubilados (o deberían estarlo). ¿Y por qué cobran ese dinerillo si ya están (o deberían) retirados de la actividad agroganadera? Excelente pregunta, vive Dios. La respuesta es más complicada y, especialmente, nadie ha querido hincarle el diente al asunto. Si la PAC se instauró para compensar al labrador por la contención de los precios, ¿qué sentido tiene que esas ayudas sigan yendo a gentes que ya cobran su pensión, aunque sea pequeña?, ¿no tendrían que ir solo a quienes viven del campo?

Esta última interrogante nos lleva directamente a otros datos del informe del FEGA igualmente llamativos. Por ejemplo: los menores de 25 años que cobran la PAC únicamente suponen el 0,55% del total. Es decir, hay pocos agricultores jóvenes. O si los hay, no perciben las ayudas de la PAC porque las cobran otros (los jubiletas). O porque en el arriendo o cesión de tierras a los jóvenes se incluye, aunque sea por lo bajinis, una cláusula que viene a señalar que lo de la PAC va al propietario y no al agricultor de verdad. Trabas y problemas para el cacareado relevo generacional, que se anuncia y anuncia pero que no llega.

Hace tiempo leí otra estadística que me dejó un tanto patidifuso. No recuerdo el porcentaje exacto, pero sí que una amplia mayoría de los que cobraban la PAC vivían de hecho en las ciudades aunque estuvieran empadronados en pueblos. Cada cual tiene el derecho de vivir donde quiera, faltaría más, pero es muy revelador este dato. Mucho. Y si lo mezclan con el anterior, el coctel es explosivo. Veamos: señores (y señoras) de más de 65 años que perciben la PAC y que habitan en las ciudades. O sea, despoblación, despoblación y despoblación del medio rural. Y, ojo, cabalgando sobre conceptos y ayudas que, en teoría, tendrían que servir para lo contrario. Y con gentes de origen y trayectoria labradora como protagonistas. ¿Así se va a frenar la desertización y la agonía de los pueblos? Mal vamos.

Estas noticias sobre la PAC (nada nuevas, por cierto) vienen a coincidir en el tiempo con otras igualmente inquietantes y negativas para el mundo rural. Hablo de los ataques que están sufriendo personas y sectores que sí defienden y apuestan por el campo. En nombre del medio ambiente, el conservacionismo y la defensa de los animales, plataformas, asociaciones y un largo etcétera de grupos que no representan a nadie están insultando y descalificando a ciudadanos como el sindicalista José Manuel Soto cuyo gran delito es defender su tierra y su profesión a pecho descubierto. ¡Qué descarnada paradoja: los que dicen proteger la naturaleza y lo rural arremetiendo contra alguien que sí vive en un pueblo y que quiere quedarse allí! Es decir, y resumiendo: vienen de fuera a enseñarle a Soto cómo tiene que vivir donde vive y cómo tiene que ejercer un trabajo que ha mamado desde siempre. Y después, estos redentores de la nada, estos profetas de la destrucción del campesino se van a sus casas (en la ciudad, claro), entran en las redes sociales y a pegar palos al que sí habita en contacto con la naturaleza y cría allí su ganado.

Creo que José Manuel Soto, a quien apenas conozco, merece aliento, reconocimiento y la solidaridad de la sociedad zamorana. Desgraciadamente, tendrá menos de lo que merece. No se ha caracterizado Zamora por apoyar firmemente al campo, aunque haya vivido de él. Y tampoco se entiende que, en este y en otros terrenos, no haya unidad de acción en el sindicalismo agrario. Si atacan a Soto por lo que lo están atacando, atacan a todo el sector y no solo a un hombre de la Coag. Y mientras tanto, los jabalíes comiéndose los maizales en la zona de Tábara y los lobos haciendo de las suyas. Y hay que cuidarlos, válgame Dios, no siendo que se enfaden algunos niñatos urbanitas y nos pongan a parir en Internet, que eso sí que lo dominan.

Lo dicho: piensen si así, por este camino, vamos a parte alguna en esta tierra.

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