11 de septiembre de 2018
11.09.2018
Zamoreando

Contra los católicos

Podemos pone contra las cuerdas a los creyentes de Valladolid por odio

10.09.2018 | 22:51

No me escondo en las catacumbas del silencio cobarde y de la indiferencia de algunos. Soy, me siento, me llamo católica y no renuncio ni a mi fe ni a mi Iglesia a pesar de esos pecados, cuántos de ellos mortales, cometidos por miembros de la Iglesia a la que pertenezco. Pecados por los que el Papa Francisco ya ha pedido perdón, en nombre de toda la Iglesia católica, y entonado el mea culpa poniendo fuera del juego sacerdotal a los culpables. La Iglesia, en la persona del Santo Padre, ha dado la cara. A los católicos nos corresponde hacer lo propio frente al acoso y derribo al que nos someten todos los días desde ciertos ámbitos de la política que ni deja descansar en paz a los muertos.

El odio frontal de Podemos a la Iglesia católica y a los católicos es enfermiza. Su odio trasciende sus palabras para pasar a los hechos y en esos hechos quiere involucrar al Partido Socialista que está en la obligación de hablar claro, de posicionarse. O sí o no. Si es sí y no es no, y no valen las medias tintas, no valen las ambigüedades, no valen las tibiezas. Dice un refrán que cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar. En Valladolid, la marca blanca de Podemos "Sí se puede Valladolid", ha dado un paso adelante en contra de la libertad religiosa. Animan a la apertura de mezquitas con el mismo fervor con el que animan a cerrar iglesias católicas.

Podemos quiere poner contra las cuerdas a los católicos de la capital del Pisuerga. Se mueve en el terreno de las amenazas y ha exigido al alcalde de Valladolid, el socialista Oscar Puente, restringir el derecho de los católicos a practicar nuestra fe, cuidando que la Iglesia "no interfiera" en las fiestas populares de Valladolid, a pesar de que los dos pilares festivos vallisoletanos son la Virgen de San Lorenzo y San Pedro Regalado. Podemos pide prohibir que haya símbolos religioso en los espacios públicos, con lo cual pretende hacer desaparecer la Semana Santa vallisoletana que es la de mayor simbología católica y amenaza con "retirar cualquier financiación y convenio" que ponga en duda alguna ley, por mala que esta sea. O sea, si la Iglesia se opone a la ley del aborto, podría retirarle cualquier tipo de colaboración económica.

La religión no es algo vergonzoso, ni incómodo, ni sucio, ni obsceno. Pueden hacerla vergonzosa, sucia, incómoda y obscena las personas, pero no la religión per se. La religión conduce a dar sentido pleno a la vida del hombre, pero hay que ser muy hombre, hay que tener mucho de persona para admitirlo. Oscar Puente, alcalde socialista de Valladolid, tiene ante sí una difícil papeleta. Cabe esperar que el sentido común del regidor vallisoletano, Caballero de Honor de la Virgen de San Lorenzo, cofrade, que lleva a sus hijas a un colegio católico, prevalezca sobre las ideas peregrinas, descorazonadoras y descabezadas del colectivo podemita. Como si Valladolid no tuviera necesidades más urgentes que la de cargarse porque sí, sin más argumento que el odio, las manifestaciones católicas, la libertad de expresión de los católicos, sus celebraciones, sus tradiciones y costumbres, todo aquello que ha echado raíces a lo largo de los siglos y que tantos han respetado. Creo recordar que incluso el viejo profesor, Enrique Tierno Galván, reverenciaba a las personas que creen en Dios, porque "la fe profunda, sólida, auténtica es un hecho inaudito, extraordinario". Y eso a pesar de su condición marxista.

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