10 de agosto de 2018
10.08.2018

Apariencias

La falsa autonomía y los empresarios

10.08.2018 | 00:07
Apariencias

U sted, que es un alma de Dios, estaba convencido (o convencida: insuficiencias del genérico) de que solo su hijo era un falso autónomo. Bueno, no solo su hijo (o su hija, perdón de nuevo por la minusvalía gramatical), también su nuera (o yerno) y el hermano de su marido y el tío de su esposa. Que a su familia le había tocado la lotería negativa de Babilonia, en fin, acumulándose en su seno una cantidad del todo anómala de autónomos aparentes. Y resulta que no, resulta que según el ministerio de Trabajo están por todas partes, pues se trata de una práctica generalizada, extendida, del todo estándar, pese a sus deformidades. No fue siempre así. En los comienzos de la entrada en vigor de la reforma laboral, que dio al traste con los derechos de los trabajadores y ató las manos a la espalda a los sindicatos de clase, en los comienzos, decíamos, no era fácil distinguir un falso autónomo de uno verdadero. Colaban. Pero enseguida, y dados los pingües beneficios que producía esta nueva forma de explotación, todo el mundo fue susceptible de caer en esta circunstancia infernal. Y cayó. Ahí están las cifras.

Para que en un país se propague la falsa autonomía, es preciso que florezcan también los falsos empresarios. Gente dura de corazón, personas malas, malas. Mafiosos que lo mismo compran a un concejal que a un alcalde. Por lo que vamos viendo, el mercado es tan amplio que un verdadero emprendedor no sabría por dónde empezar a torcer voluntades.

-Oye, tío, que en esta obra pública hay nueve millones.

-Te llamo por el otro teléfono, que este está pinchado.

Falsos empresarios, decíamos, además de insuficientes inspectores de trabajo y de representantes de los trabajadores amordazados. Apariencia de inspección, pues, y apariencia de lucha obrera: todo aquello que se da en una atmósfera encanallada, donde tampoco es difícil obtener másteres falsos o convalidaciones a destajo. Vivimos en la cultura de la copia, no hay nada que un emprendedor no pueda obtener si carece de escrúpulos y de verdad se lo propone. Lo bueno, por si fuera poco, de las empresas falsas es que producen más beneficios que las verdaderas.

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