13 de julio de 2018
13.07.2018

Ser uno mismo

La amarga lucha del hombre y la duda

12.07.2018 | 23:56
Ser uno mismo

Cuando los celos se presentan, las pasiones suelen andar por malos caminos. No hablo únicamente de las pasiones del corazón, hay otras pasiones de índole más suave, que alcanzan las mismas cimas que el sentimentalismo de un enamorado. Los celos exaltan la inseguridad en uno mismo y contribuyen a distorsionar absolutamente todo. Llega un momento que la envidia va al auxilio de los celos y juntos se envilecen en el absurdo argumento de la imaginación.

He conocido personas poseídas por los celos y son peor que perros rabiosos... Celos entre hermanos, entre hijos, entre amigos, entre profesionales, entre parejas, entre vecinos, entre padres, celos por doquier.

Me hago una reflexión: ¿ somos lo que queremos ser o lo qué nos dejan ser?

Cuando el eco dubitativo hace su aparición, el tiempo deja de ser ligero y se vuelve pesado. Es difícil monologar con la duda; siempre anda en discrepancia con el valor. Ama la narrativa e ignora la lírica... Es importante ser receptor incondicional del valor.

He conocido almas angustiadas, hombres contemplando la soledad, amores acostados junto al pensamiento y la fantasía. La amarga lucha del hombre y la duda... El valor engendra caminos y le otorga a la vida una apariencia primaveral. Los valientes tienen alma de niño.

Todo comenzó con una conversación sobre Whitman, con profunda afinidad, sus miradas se fueron acercando. Ella, demasiado inclinada a la soledad, empezó a contraponer los pensamientos. Él, con bastante exactitud iba tomando sorbos suaves de un vino imaginativo y romántico.

Los dos eran seductores, no se miraban tímidamente, los primeros días no sacaron beneficio de los combates en los que la voluntad ganaba a el deseo. Fingiendo resistencia se fueron aproximando.

Nicole y Sergio se dejaron atrapar como niños, formulaban preguntas vagas para desnudarse con la respuesta del otro. ¿Cómo eran capaces de alejar sus cuerpos? -Mañana me marcho, regreso a Italia con la confianza de verte de nuevo.

- Te extrañaré.

- Yo también.

Entregados únicamente al juego del despiste, se despidieron, sin admitir nada, se dieron un beso en la mejilla y se dijeron adiós. Nicole, mujer previsora, le había preguntado a Sergio por el horario de su vuelo. Ni corta, ni perezosa, acudió al aeropuerto con la intención de entregarle otra nueva mirada, la definitiva, la mirada cálida de una mujer que se deja llevar. Tierna e inocente caminó por el aeropuerto con la prisa del beso envuelto en las ganas. Cuando ya pensaba que no lo iba a encontrar y con la preocupación del tiempo a cuestas...

- ¡Sergio!

- Nicole, ¿qué haces aquí?

- Estos días me he controlado, pero evidentemente siempre he tenido ganas de besarte.

- Dentro de dos horas sale mi vuelo para Milán, el corazón late de inquietud y no sé porqué.

- El mío también.

Se sonrieron, se empujaron uno a los brazos del otro y rápidamente los labios se entrelazaron.

- ¿Y ahora qué?

- Sergio, me gustas.

- Tú también.

Abatidos por el flechazo, miraron el panel de embarque, el tiempo no es amigo de las cosas del destino. El mar se acerca a la ola para verla bailar.

- ¿Qué harías conmigo si me quedo?

Nicole y Sergio están en Caños de Meca, son mensajeros del destino, desafían a la noche, uniendo el placer con el agua. Hoy están rendidos sobre la arena, encantados de las coincidencias de la vida.

Aunque la vida se vive con prisa es importante pararnos un poco y pensar. Jamás, si aspiramos a emular a Nicole y Sergio, debemos figurar en la lista de nadie. Ser uno mismo es complicado, pero no difícil.

Es cuestión de intentarlo...

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