18 de mayo de 2018
18.05.2018

No digo yo que no lo haya dicho

El ilegítimo president amenaza con soflamas e intimidaciones, mientras que el Estado no dice ni pío

18.05.2018 | 00:00
No digo yo que no lo haya dicho

Leo una noticia que viene a decir que Torra ha exigido a Rajoy que le devuelva la posibilidad de mangonear en la cosa de la financiación en Catalunya, para poder manejar el dinero como mejor convenga a sus intereses. Y no digo yo que no lo haya dicho, pero lo que no alcanza a decir la noticia es si tal petición se la han hecho antes a él, concretamente el expresident Puigdemont desde Alemania, al que a su vez se lo habría ordenado el expresident Mas desde Barcelona, eso sí, siguiendo las instrucciones del ex honorable Puyol que, desde su retiro espiritual, habría trasmitido las órdenes recibidas de Doña Marta Ferrusola, la ex "madre superiora de la Congregación" de aquel convento que daba instrucciones a los bancos andorranos sobre como tenían que mover la pasta gansa que les llegaba a través del "tres por ciento",. Aquella que lo mismo ordenaba que se "traspasaran dos misales de su biblioteca" (Dos millones de euros) a la del "capellán de la parroquia" (Su hijo Jordi), que le echaba la bronca a los periodistas que intentaban preguntarle algo al respecto.

Claro que, para poder penetrar en el fondo de las noticias, en este caso de las incluidas en el maravilloso cuento del "tres por ciento", sería necesario disponer de cámaras de pequeño tamaño, de esas que usan los cineastas en algunas de sus películas que les permiten penetrar, a través de una pequeña rendija, en el interior de un submarino hundido en las profundidades oceánicas, y no es cosa de llevar una cámara de esas, colgada al hombro, todos los días.

De manera que, a partir de ahora habrá que estar preparado para leer entre líneas que es lo que realmente ha dicho o a querido decir el president ilegítimo (No lo digo yo, lo dice él, ya que afirma que él es un mandado, porque el legítimo está en Alemania), el president huido, el president procesado o el president consorte de la "madre superiora de la Congregación". En fin, un lío en el que es difícil poner orden, aunque quizás no valga la pena intentarlo, ya que, a fin de cuentas, no merece la pena preocuparse por algo que no te concierne, más que nada por pertenecer a una raza inferior.

De momento el ilegítimo president amenaza con soflamas e intimidaciones, mientras el Estado, que reúne toda la legitimación para utilizar los poderes que le confiere la Constitución no dice ni pio, aunque tampoco pavonea de tener la situación controlada, como cuando se celebró aquel pseudo referéndum en el que los Mossos de escuadra se fumaron un puro con las ordenes que recibían desde el Ministerio del Interior, ya que ni se impidió aquel show, ni se evitó dejar una mala imagen de España en Europa.

Ahora, se supone se habrá tomado nota de tan lamentable experiencia y se sabrá que es lo que se debe hacer en estos casos, porque si, a toro pasado, y disponiendo de todos los poderes, incluido el BOE, no se sabe reconducir la situación, mejor apagar la luz e irse a casa a escuchar un disco de La Voz de su Amo.

En tanto sigue representándose este sainete, cada cual hace su sesgada propaganda para ver si alguien muerde el anzuelo, aunque no puedan impedir que se le vea el plumero a distancia, porque jugar a ser burdos imitadores de Goebbels no es la mejor manera de hacerse creer, ni de avanzar en la aceptación de sus proposiciones. Tampoco practicando la moda de proferir insultos, a la que se ha unido recientemente el expresidente de Madrid, Joaquín Leguina, llamando "imbécil" y "gilipollas" al "presidente ilegítimo". Pero para algunos, hechos como estos no serán reprobables, ni tampoco los verán como una torticera aplicación de la libertad de expresión - bella frase y mejor concepto nunca peor utilizados - sino una forma avanzada de relación.

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