11 de mayo de 2018
11.05.2018

Vivir es levantar la copa de la voluntad

¿Es posible comprender la vida sin comprender la muerte?

11.05.2018 | 00:23
Vivir es levantar la copa de la voluntad

Es importante caminar con holgura por el camino de la vida, entendiendo que en la acción está la conquista. La palabra cautela es sinónimo de prudencia: noble dama que medita bajo la sombra de un árbol y se abriga junto al silencio. Pero, culpable, de muchas tentativas que al final quedan en nada...

La vida no es un pensamiento inclinado al reposo, no es palabra elocuente con escasos oyentes, no es victoria, ni oportunidad; la vida es lo más importante que tenemos.

El futuro es un templo construido con las piedras de la ilusión, el pasado es el recuerdo romántico del vivo y el muerto. Y el presente desaparece en el mismo instante que el hecho confirma su pugna... ¿Entonces?

Vivir es levantar la copa de la voluntad: forjando instantes, fundiendo deseos. Es retornar a sí mismo con el anhelo revolucionario de un joven adolescente; es colocar el amor, el cariño, la amistad, delante del ánimo,y por supuesto, preferir la vivencia a la definición.

A decir verdad, la vida es la filiación más importante que tenemos. ¿Para qué ser infiel?

Vida, te prometo presentarte todos los días una obra maestra de lo inconcebible. Cantarte una canción romántica y hacerte el amor. El día que la muerte agote nuestra existencia no quiero que me reproches nada. Sí vida, sí, te amo igual que las nubes a las cimas, no entiendo acariciarte con reservas. En tu dermis está el universo...

¿Es posible comprender la vida sin comprender la muerte?

El dolor, larga confesión de amor, por la perdida de un ser querido; bien puede ser la excusa para reflexionar sobre la vida y la muerte.

Al nacer nos lanzamos a la conquista de la vida, y al morir colonizamos la eternidad, tales experiencias deberían ser motivo de alegría: pero sólo el nacimiento está ordenado por la felicidad. La muerte no...

En efecto, cualquier fallecimiento es motivo de tristeza, supongo que se debe a lo poco que se habla de la muerte en Occidente: la vida, por lo general, se lleva todas las alabanzas; la muerte todos los silencios.

El día que muera, me iré a la eternidad con la espada de la victoria, con el respeto y el amor de las personas que me quieren. No, no veo a la muerte como una tirana; me garantiza un descanso, por lo general es precisa, conciliadora, y por si fuera poco, sin ser tenaz siempre se garantiza su objetivo.

La muerte no se lleva nuestras vivencias, nuestras experiencias, nuestro imperio familiar y amistoso, sólo se lleva nuestro cuerpo. Sí, el mismo que paseamos con altivez por las calles y vestimos según las estaciones del año.

Es importante, muy importante, aprender a vivir, pero también a morir.

Me gusta observar la noche. Es delicioso sentir el silencio ahogado. En las barras de los bares, a altas horas de la madrugada, reposa: la incomprensión, la soledad, la frustración, el amor, el desamor...

La noche es menos soberbia que el día.

¿Las almas se ganan de noche? Compartiendo penas se conquistan alegrías. Los cuerpos, desean entran, las almas desean salir. De las ramas de muchas madrugadas retoñan grandes amistades y grandes amores. Todo lo que tiene luz se distingue entre las tinieblas: las brasas, las luciérnagas, los diamantes, los pensadores y los poetas. Las cosas vistas por definición contienen un gran tamaño semántico. El mismo que toca la pupila la mayoría de las veces...

Noches de bohemia que contempláis la voluntad del alma, ¿sabéis una cosa?, nunca os podré ignorar.

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