05 de mayo de 2018
05.05.2018
La columna del lector

Sacrilegio universitario

05.05.2018 | 03:01

Una de las instituciones más relevantes que la Iglesia ha dejado a la Civilización Occidental, ha sido la universidad tal como hoy se conoce. Las universidades nacieron en la Edad Media, nunca antes ni en Grecia ni en Roma, existió ninguna institución docente como la universidad, existieron liceos, academias, gimnasios

Las grandes universidades actuales Oxford, París, Salamanca, Padua, Coimbra, Bolonia (?) todas fueron obra de la Iglesia Católica. Incluso la universidad de Oviedo, en cuyo patio histórico se contempla la gran escultura de su fundador, el gran Inquisidor Valdés Sala, es obra de la Iglesia Católica. La Universidad moderna es deudora de la Iglesia Católica, por mucho que el pensamiento universitario postmoderno reniega de su origen y pretende marginar todo tipo de pensamiento trascendente y silenciando toda reflexión teológica como irrelevante y acientífica lo cual demuestra tanta ignorancia como sectarismo. La Teología es tan ciencia en su metodología como las ciencias naturales, lo único que la diferencia es el objeto propio y formal de su investigación, Dios como fundamento de toda realidad existente, reducir la Teología a una pseudo-ciencia porque su objeto formal no es demostrable con datos de la observación y la experiencia manipula en el laboratorio es un prejuicio fruto de la ignorancia y/o sectarismo.

Pues bien en la venerable capilla de la Universidad de Oviedo testigo secular de las ceremonias católicas durante siglos, en la festividad de Santa Tomás de Aquino, en las inauguraciones de los cursos y grandes evidentes e importantes acontecimientos universitarios, ha sido cobardemente profanada con espectáculos abyectos, sacrílegos y blasfemos. El lugar sagrado en donde se tenía que respetar el culto católico, se ha convertido en una cueva, se ha profanado con un espectáculo vil. Como afirma W.Pannenberg, gran teólogo y teórico de la ciencia, la universidad como una república de doctos, tal como la concibió su fundadora la Iglesia Católica, ha perdido su fuerza, tanto por las exigencias de formar académicamente a inmensas masas de alumnos como por las tendencias a la autonomía de las disciplinas especializadas.

En algunas ocasiones la universidad ocupa interés informativo por los escándalos de desalmados que con autorización de los responsables, profanan sus capillas con acciones tan reaccionarias como nauseabundas, lo que ha sucedido recientemente en Oviedo y antes en Madrid.

Fidel García Martínez

Doctor en Filología Románica, licenciado en Cien cias Eclesiásticas

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