11 de marzo de 2018
11.03.2018
Domingo 11, IV de Cuaresma

¿Salvados?

11.03.2018 | 01:08
¿Salvados?

Por qué un programa de televisión se titula así? ¿Quizá por esnobismo, por llamar la atención? Al hilo del relato evangélico de este domingo: ¿el hombre de hoy necesita ser salvado? O ¿tiene necesidad de salvación? ¿Qué tipo de salvación ofrece el mundo de hoy? No creo que la salvación pueda proceder de la TV. Pero uno nunca sabe?

En el texto de Juan, Jesús le dice a Nicodemo (no olvidar que es un rígido fariseo cumplidor de la ley): "El que no nazca del agua y del espíritu no puede entrar en el Reino de Dios; lo que nace de la carne es carne, lo que nace del espíritu es espíritu". ¿Cómo puede ser eso?

Frente a la centralidad farisaica de la Ley, el evangelista propone la dinámica liberadora de la fe en Jesús "levantado" (crucificado), como la serpiente que Moisés levantó en el desierto. Creer es la respuesta al inmenso amor de Dios. Es la reciprocidad del amor. Creer no es un concepto o una doctrina, es un acto de amor por el que adviene el reino de Dios. El juicio sobre la humanidad tiene como criterio la fe como acto de amor recíproco.

Nuevamente llegamos a la insistencia de Juan. Una humanidad justa y feliz solo es posible sobre el amor, no sobre la Ley. Esta es la fe que proclama Juan.

Fíjense en la expresión: "vida definitiva". No significa solamente la salvación final, la vida después de la muerte, sino al mismo tiempo una vida de calidad divina de que goza el hombre ya durante su existencia mortal. Es la vida del Espíritu, nuevo principio vital que se integra en el ser del hombre; por ser definitiva, ni su existencia ni sus frutos perecerán con la muerte. El momento inicial de esta vida ha sido formulado por Jesús como "nacer de nuevo", "nacer de agua y Espíritu". Jesús nos enseña que la cruz es la expresión más grandiosa del amor de Dios y que todo el que mire a Jesús en la cruz con amor y con el deseo y la realidad de seguirle en sus enseñanzas, obtendrá la vida eterna, que no es solo una promesa de felicidad futura, sino que es la expresión de la verdadera felicidad que Dios quiere para todos.

La salvación es, pues, la plenitud del amor. Es un camino que dura toda la vida y que vamos recorriendo. El tiempo de cuaresma es la oportunidad nueva para ese reencuentro con el amor de Dios. Consecuencia de esta vivencia es la alegría que viene del saberse amado por Dios y a la vez amar a Dios. Esto se revela a los humildes y sencillos de corazón. Despierta, pues, este deseo en ti. Y no temas: la paz de Dios muchas veces abundará en medio de sufrimientos por nosotros y por los demás. El amor siempre engendra alegría.

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