03 de noviembre de 2017
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A Ernesto Quero, compañero del alma, compañero

Fallece un hombre bueno, profesor, pintor y otras muchas cosas, que llevaba a Zamora en el alma

03.11.2017 | 00:34
A Ernesto Quero, compañero del alma, compañero

Cuando hace apenas diez horas que cruzaba contigo las últimas palabras me llega la terrible noticia que nunca querría haber recibido. Como una película, se me agolpan recuerdos, vivencias que se remontan al día que nos presentamos en el castillo en 1979, para iniciar nuestra andadura académica en el Instituto Maestro Haedo, tú como catedrático de dibujo que venías de las tierras sorianas. Enseguida surgió la amistad, la complicidad de dos compañeros que trabajaron codo con codo en el aula y fuera de ella, con nuestro grupo de teatro o con el Proyecto Mercurio de vídeo; las actividades extraescolares a Madrid a ver teatro y exposiciones artísticas? Nuestros paseos a la salida de clase a ver a Jesús y echar la quiniela.

En el catálogo de tu primera exposición me pediste que escribiera unas líneas que ahora recuerdo perfectamente. Palabras amigas, las titulé. Recuerdo que hablaba de tu cabeza griega, adornada por bucles plateados y gafas de concha. Hacía un pequeño repaso de lo que había hecho hasta entonces este bilbilitano amante de la naturaleza, la fotografía, el paisaje?

Pero Zamora le llegó al fondo de su alma o ¿acaso estaba en el fondo de ella? Con su mujer Carmina, se instaló en nuestra ciudad y sintió todo lo que era Zamora para bien y para mal. No fue nunca aceptado por los artistas de la ciudad que lo consideraron ajeno a ellos a pesar de sus exposiciones en Caja España, Caja Salamanca, Espacio 36 o haber ilustrado el pregón de la Semana Santa del año 2000 (¿) o la fiesta de la Concha de la que era un fiel romero.

No hablaré yo de sus cualidades pictóricas. El tiempo lo colocará en el sitio que merece. Pero sí puedo decir que fue un continuo innovador. Un experimentador que nunca se quedó en lo superficial. Pintaba para él y qué pocas veces se lo enseñaba a la gente.

En su itinerario vital, Ernesto ha ido buceando en numerosos movimientos y técnicas para y experimentar con perspectivas cubistas, o impresionistas, aquello que es objeto de descomposición geométrica o simple impresión visual que puede desembocar en el expresionismo más hiperrealista.

Él ha vivido por y para la pintura y como un humanista, amante de todas las artes, arquitectura, música, literatura lo ha sabido inculcar a sus alumnos.

Hoy descansarás en tu tierra adoptiva, cerca de tu estudio y contemplarás las tierras ocres y el Duero que tantas veces plasmaste con tus pinceles.

¡¡¡ Qué suerte para Zamora haber contado contigo, compañero del alma, compañero!!!

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