13 de septiembre de 2017
13.09.2017

De los fielatos a una Europa sin fronteras

13.09.2017 | 00:14
De los fielatos a una Europa sin fronteras

Antes de que naciera , en los años cincuenta, la Comunidad Europea del Carbón y del Acero como primer paso a una Unión Económica y Política de los países europeos por los que es posible circular libremente las personas y las mercancías en condiciones de normalidad, teníamos las fronteras "a la puerta de casa".

A la entrada de cada ciudad existían unos casetos o como mucho modestos edificios en los que se encontraban empleados municipales encargados de registrar el equipaje para comprobar si se llevaba algo de pago. Introducir en la ciudad productos como vinos, licores, carnes de cualquier especie, huevos, embutidos, quesos y un largo etcétera, suponía la obligatoriedad de pagar el arbitrio correspondiente establecido por el municipio. Del intento de pasar la mercancía clandestinamente o negarse a pagar el arbitrio, podía suponer que el "Consumero", Vigilante de arbitrios, decomisara el producto que quedaría en el fielato hasta que se pagara la cantidad estipulada, o finalmente pasaba la mercancía a disposición de la autoridad competente.

Pero no solamente pagaba arbitrios las mercancías para ser introducidas en la ciudad, también debían pagar la tasa correspondiente los carros y bicicletas que llegaban procedentes de otros municipios. Los guardias municipales comprobaban en el interior del casco urbano si las bicicletas o carros que no tenían matrícula como residentes en la capital, habían pagado en el fielato, para lo cual presentarían el tiket justificante. De no haber abonado el arbitrio se exponían al pago de una multa cuyo importe era mucho mayor que la tasa eludida.

El término fielato procede de la palabra "fiel" o balanza que antiguamente se usaba para pesar los productos que en aquellos puntos de control se pesaban y con arreglo al peso o medida cobraban las tasas correspondientes. Aquellos puestos de control, que también podíamos llamar "aduanas locales", existieron más de cien años, hasta que en 1960, el Ayuntamiento de Zamora hizo desaparecer este servicio, dejando a más de cincuenta funcionarios en excedencia forzosa, aunque la mayoría de ellos fueron reconvertidos para prestar otros servicios en el municipio.

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