08 de septiembre de 2017
08.09.2017

Cuando las familias eran numerosas

¿Alguien tiene realmente interés en que no desaparezcan los pueblos?

08.09.2017 | 00:44
Cuando las familias eran numerosas

En Pajares de la Lampreana se ha institucionalizado desde hace una veintena de años la celebración de una fiesta de los quintos que cumplen 50, 60, 65 y 70 años. Hay quintadas de 40 personas o más, que nacieron en los años cuarenta, cincuenta y sesenta del siglo pasado. En 1943 nacimos 48 personas. La última celebración de quintos de 65 años tuvo lugar el pasado mes de agosto: en 1952 nacieron 40 personas (14 niños y 36 niñas). La mayor parte de estos quintos viven habitualmente fuera del pueblo.

Evoco estos datos después de conocer la noticia de que en la provincia de Zamora hay 1.500 hogares con familias numerosas -con tres hijos o más- y 12.600 con un solo hijo. Según el Instituto Nacional de Estadística, la media por hogar en Zamora no llega a dos hijos, la cifra más baja de todas las provincias de Castilla y León.

Ni entonces ni ahora los hijos los da Dios ni vienen de París. Le oí decir en Madrid, en los años setenta del siglo pasado, al médico, nutricionista y escritor brasileño Josué de Castro que existe una relación estrecha entre pobreza y fecundidad. De hecho, encabeza su libro "Geopolítica del hambre" con este dicho popular: "La mesa del pobre es escasa, pero el lecho de la miseria es fecundo".

Pobreza en los pueblos de Zamora a mediados del siglo pasado había mucha, y quizá esta sea la razón de la alta tasa de natalidad. En los hogares de Pajares había una media de más de cinco hijos; abundaban los de seis, siete y ocho. El pueblo llegó a contar en 1950 con una población de 1.339 habitantes, cinco escuelas y otros tantos maestros: una de párvulos, dos de chicas y dos de chicos. En Pajares hay actualmente 331 habitantes, o sea, 1.008 menos. En Manganeses de la Lampreana había 1.899 habitantes en 1940 y actualmente tiene 382, o sea, 1.517 menos.

Dos son los factores desencadenantes de la despoblación rural: la emigración masiva de matrimonios jóvenes y sus hijos a los polos industriales del norte de España, debido a la mecanización del campo, y el progresivo descenso de la natalidad. Actualmente, la mayoría de los empadronados en Pajares son pensionistas. Esta realidad es similar en los pueblos de la Tierra del Pan, en la mayoría de los pueblos zamoranos y en la España rural, que pierde cada año 45.000 habitantes.

No abogo por reinstaurar la pobreza de antaño para que los lechos vuelvan a ser fecundos. La historia de los pueblos, para bien y para mal, tiene sus propios ciclos. El mismo Josué de Castro asegura que "el hambre es la fuente más fecunda de calamidades". Centra su análisis en el desajuste entre el Norte y el Sur como factor del hambre en el mundo y subraya la necesidad de lograr "una solidaridad internacional basada en la economía y en la solidaridad humana enfocada hacia la seguridad mundial".

Bastaría cambiar internacional y mundial por nacional para comprender el alcance del actual desafío. Se trata primero de entender por qué los pueblos zamoranos decrecen y después buscar soluciones para frenar una despoblación que parece inexorable. Nos podemos preguntar: ¿Alguien tiene realmente interés en que no desaparezcan los pueblos? A pesar de las ventajas culturales y medioambientales que conlleva mantenerlos, confieso que no soy nada optimista. Como tampoco lo soy ante lo que podríamos llamar suicidio demográfico a escala nacional. Nuestros políticos están enredados en la tela de araña de las encuestas sobre la intención de voto y los tiquismiquis dialécticos para justificar parcelas de poder; pero carecen de una visión global a largo plazo que garantice la viabilidad no solo de la democracia y de la concordia, sino también y al mismo tiempo de un bienestar equilibrado.

Nuestros mayores bregaron para sobrevivir en condiciones muy precarias y contribuyeron a acrecentar la población en una España postrada. Quizá sin saberlo, preservaron también un estilo de vida rural acorde con el medio ambiente, que ayudó a potenciar un desarrollo sostenible.

Los lechos en los pueblos ya no son fecundos, pero habría que preguntarse si, con otras políticas encaminadas a mejorar la vida rural, no sería posible aún recuperar una natalidad que garantice su supervivencia.

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