15 de agosto de 2017
15.08.2017

VII Centenario de la conquista de Sevilla por Fernando III el Santo

La historia de una gesta que se sigue celebrando por su transcendencia y significación

15.08.2017 | 00:30
VII Centenario de la conquista de Sevilla por Fernando III el Santo

En la sesión del Ayuntamiento Pleno de Zamora, celebrada el 31 de julio de 1948, entre otros acuerdos, figuró el siguiente: "Seguidamente fueron designados los señores que representarán a Zamora en los actos fernandinos que tendrán lugar en Sevilla en los días 22, 23 y 24 de noviembre próximo con motivo del VII Centenario de la conquista de la capital andaluza por el Rey Santo. Llevará la representación de nuestra capital el Alcalde, don Gonzalo Rubio Sacristán; el Primer Teniente de Alcalde, don Felipe Rodríguez Lorenzo, y los Concejales don Segundo Puente Veloso y don Álvaro García de Castro, este último como abanderado, ya que esta Comisión llevará la Enseña Bermeja, y los maceros municipales, acordándose también la confección de nuevas dalmáticas para éstos". Llegada la fecha de la celebración en Sevilla, la prensa hispalense hacía referencia al magno acontecimiento conmemorativo de la que llamaba "Fiesta de la Conquista". El día 23 de noviembre de aquel año de 1948, a las ocho de la mañana, se descubrió el Cuerpo incorrupto del Santo Rey. Rendía honores una compañía de Ingenieros con bandera y banda de música. Celebrada la Misa solemne, se inició la magna procesión a la que asistían numerosas representaciones según la larga lista que publicaba la prensa del momento. Decía que la ciudad presentaba un magnífico aspecto, luciendo colgaduras en todos los balcones. El comercio cerró sus puertas y desde bien temprano, las calles céntricas se encontraban ocupadas por millares de personas, que hacían imposible el tránsito, sobre todo en las vías que figuraban en el itinerario que había de recorrer la solemne comitiva. Formaban parte de la Procesión las imágenes de la Virgen de los Reyes, la Virgen de las Batallas, San Fernando, la Virgen de la Merced y la Virgen de las Aguas. Al final de la procesión desfilaron las fuerzas que habían cubierto la carrera, cuyo desfile resultó brillantísimo.

El Santo Rey, nacido en Valparaíso, en la provincia de Zamora, dejó escrito que "la conquista de Sevilla fue una de las más altas conquistas que en el mundo se fizieron". San Fernando se apresuró a organizar la ciudad con arreglo a las leyes, fueros y usos castellanos. Considerada ya la ciudad como perteneciente a la Corona de Castilla por derecho de conquista, el Monarca procedió al reparto de Sevilla y de su término entre los individuos de la familia real, los ricos hombres, prelados. Caballeros, las órdenes militares, las órdenes religiosas, los hombres buenos y peones que le ayudaron en la magna empresa. Institución clave de la organización de la ciudad cristiana fue el Concejo hispalense que, en líneas fundamentales, difirió poco de los castellanos.

El Concejo, en sus primeros tiempos, celebró sus reuniones en las gradas de la Iglesia Mayor, y luego en el mismo local donde hacía sus juntas el Cabildo eclesiástico, que era un edificio junto a los muros del templo metropolitano, en lo que hoy es Plaza de la Giralda.

Para el desempeño de sus atribuciones el Concejo, por medio del Cabildo, ejercía la autoridad real y que era, a la par, el intermediario entre el Concejo y los vecinos. Estas atribuciones concejiles las desempeñaban numerosos funcionarios, siendo el más importante de éstos el Alguacil Mayor, oficio creado por San Fernando. El Alguacil presidía el Concejo y el Ayuntamiento hacía cumplir los acuerdos de éstos y de los Alcaldes mayores. Era, por así decirlo, el jefe militar de la Plaza, conservador de las llaves de sus puertas, y como tal, caudillo de las milicias concejiles, correspondiéndole la alta honra de llevar el pendón de la ciudad, bajo cuya custodia estaba. Al Alguacil seguían en importancia los cuatro alcaldes mayores, que, a más de las funciones de carácter administrativo,. ejercían otras de índole judicial. A ellos les estaba reservado el abastecimiento de la población, las posturas de las mercancías, la vigilancia de los pesos y medidas y el cuidado del buen orden y policía.

El Santo Rey fue con la Iglesia tan generoso como con el Concejo. Le dio el diezmo al almojarifazgo de "cuantas cosas acaeciesen por tierra y por mar de lo ganado y que se ganara a los moros".

El jueves 30 de mayo de 1252, murió, en el Alcázar de Sevilla, el Rey Conquistador y su cuerpo fue llevado a la Catedral, sepultándolo en la parte destinada a la imagen de la Virgen Santa María. Fue el primer cristiano que tuvo sepulcro en el templo.

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