24 de julio de 2017
24.07.2017
Recuerdos de un zamorano en el exilio

El cimborrio de la Catedral

El artista de Zamora era un innovador, se le ocurrió algo diferente y nos dejó una joya incomparable

24.07.2017 | 00:07
El cimborrio de la Catedral

En Zamora todos saben lo que significa cimborrio. O casi todos. Es esa hermosa cúpula que culmina la catedral románica. Ese cimborrio aparece en la mayoría de libros de arte de España y de otros países. Es para estar orgullosos de él, porque es una creación original, sin parangón en otros lugares. Fue construido en 1170 y posteriormente imitado por la colegiata de Toro y la catedral de Salamanca. Los llaman los cimborrios del Duero. Dicen que es de estilo bizantino, pero no es lo mismo. Dicen que tiene influencias de Poitiers, pero tampoco es igual. Ha de reconocerse que el artista de Zamora era un innovador. Se le ocurrió algo diferente y nos dejó una joya incomparable.

Cuando voy a Zamora, si no me acerco a ver ese cimborrio, me siento como si no hubiera ido. Salgo de la estación de tren, ahora del AVE, símbolo de la modernidad, del siglo XXI. Tengo que recorrer la ciudad de un extremo a otro. En media hora debo retroceder diez siglos. En las Tres Cruces todavía voy por el siglo XX. En San Torcuato voy bajando al XIX, al XVIII? Por la plaza Mayor me siento en el XVII y por Viriato en el XV. En la Magdalena sospecho que ando por el XIII. Cuando voy avanzando por la rúa de los Notarios y descubro el cimborrio al fondo, siento la emoción de lo excepcional. No me canso de admirarlo. Es robusto, pero a la vez delicado. Tiene la fuerza de un casco de guerrero, pero embellecido con esas torrecillas de las esquinas, con esos frontones triangulares, y todo decorado con escamas. Solo un genio pudo concebir algo tan maravilloso que mantiene su encanto tantos siglos después.

Contrasta perfectamente con esa torre que lo acompaña. Desde lejos conforman la silueta más fotogénica de la ciudad. Desde cerca sirven de escenario a unas cuantas procesiones de Semana Santa. ¡Qué hermoso momento cuando el Cristo de las Injurias avanza con la Catedral al fondo! Es curioso que en aquellos tiempos remotos del Medievo, Zamora estaba a la vanguardia: tenía un cimborrio último modelo. Se podría hablar de una técnica avanzada en el románico de entonces. Algo digno de ser copiado en las ciudades de alrededor. Ha habido que esperar casi diez siglos para volver a ocupar un lugar ventajoso. El AVE ha traído consigo las últimas tecnologías y nos sitúa en la modernidad. O, al menos, eso nos han asegurado. Durante estos siglos hemos permanecido en la mediocridad, en la sombra, sin destacar en nada. Vale la pena venir a Zamora, solo por atravesar toda la ciudad de extremo a extremo, en el espacio y en el tiempo. Y llegar hasta el final para descubrir y deleitarse con nuestra más preciada joya. Lo más hermoso que Zamora puede ofrecer a sus visitantes.

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