22 de julio de 2017
22.07.2017

El hijo del trueno

Santiago y su hermano Juan invocaron a dios para que consumiera con fuego una ciudad samaritana

22.07.2017 | 01:30
El hijo del trueno

Santiago, patrón de España, era hijo de Zebedeo y tenía un hermano llamado Juan, que sería también discípulo de Jesús. Su maestro les puso el sobrenombre de "Boanerges" que, según el mismo evangelista afirmaba, quería decir "hijos del Trueno". El episodio narrado por san Lucas, en que Santiago y su hermano desean invocar a Dios para que consuma con fuego una ciudad samaritana hace honor a este nombre. Santiago el Mayor fue uno de los primeros que recibieron el llamamiento de Jesucristo cuando estaba junto con su hermano pescando en el lago de Genesaret.

Junto con su hermano Juan y con Simón Pedro, tienen un trato privilegiado con Jesús; es testigo presencial de la resurrección de la hija de Jairo, de la Transfiguración de Jesús y de la Oración en el Huerto de los Olivos. También formó parte del grupo restringido de discípulos que fueron testigo del último signo realizado por Jesús ya resucitado: su aparición a orillas del lago Tiberiades y de la pesca milagrosa.

Según tradición medieval, cuando los apóstoles son enviados a la predicación, Santiago cruzó el Mediterráneo y desembarcó en la Hispania para predicar el Evangelio. Se dice que comenzó a predicar en la Gallaecia, a la que habría llegado tras pasar las Columnas de Hércules.

De acuerdo a la tradición cristiana, hacia el año 40, la Virgen María se apareció a Santiago el Mayor en Cesaraugusta (Zaragoza). María llegó a Zaragoza en carne mortal y como testimonio de su visita dejó una columna de jaspe conocida popularmente como "El Pilar".

Otra versión indica que Santiago hizo algunos discípulos y que siete de ellos fueron los que continuaron la tarea evangelizadora una vez que el Apóstol regresó a Jerusalén.

Santiago halló la muerte en Jerusalén ante Herodes Agripa. La leyenda indica que sus discípulos habrían llevado su cuerpo por el mar Mediterráneo en una mítica embarcación de piedra, llegando hasta Galicia, donde lo habrían enterrado justamente en Iria Flavia.

Alrededor del año 813, el Obispo gallego Teodomiro halló la tumba del Apóstol y el Rey Alfonso II El Casto ordenó construir una Iglesia encima del sepulcro, origen de la Catedral de Santiago de Compostela.

El descubrimiento de la tumba del Apóstol supuso para el Rey Alfonso una serie de beneficios: la agrupación de sus territorios en un solo reino, bajo la especial protección del Apóstol y la cristianización de la antigua "Vía de Finisterre", ruta seguida tradicionalmente por muchos pueblos de religión céltica hasta el pretendido "Fin del mundo".

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