29 de junio de 2017
29.06.2017
La columna del lector

Pablo Romero y sus toros

29.06.2017 | 00:07

Divisa celeste y blanca que goza de máximo prestigio. El 9 de abril de 1888 (primera corrida lidiada a su nombre en Madrid) hasta el 9 de septiembre de 1976 (corrida de Murcia), se han lidiado a este nombre 5.721 toros, todos ellos con calificación de sobresaliente por su trapío. Felipe de Pablo Romero y Cámara nos dice que "el día que mi padre me confío la dirección de la ganadería me recomendó lo que a él le dijo mi abuelo en idéntica ocasión. Nuestra baza, única que tenemos en las manos, es la de la presentación, juégala siempre porque con ella jamás defraudaremos al público que es al que tenemos que servir". Un viejo ganadero sevillano destacó una vez que "la familia de Pablo Romero de unas vacas casi serranas había logrado hacer una de las mejores ganaderías de España". En 1885 compraba el bisabuelo de Felipe de Pablo Romero la mitad de la ganadería de Laffite, una vacada fundada por el clérigo de Rota, Francisco Trapero en 1810. Cuentan que este sacerdote cruzó vacas salvajes del Coto de Doñana con sementales procedentes de tierras de Navarra. Lo cierto es que después Felipe de Pablo Romero y Llorente (el abuelo) y posteriormente José Luis de Pablo Romero y Cartaloitía (el padre) con un hermano también llamado Felipe, hicieron estos toros que son largos, regordíos y chatitos con cara rizada, bien armados, predomina en ellos el color cárdeno. A finales de 1970 y en poder de Felipe de Pablo Romero y Cámara hace acto de presencia la caída de los toros cuando pisaban la arena de los ruedos, ocasionándoles grandes pérdidas.

Muy poca gente sabe que en las décadas de entre 1960 y 1970 se celebraron en España más de 11.000 festejos taurinos de "primera división", me refiero a corridas de toros y novilladas picadas. En el mismo periodo de tiempo se han dado en los pueblos 22.000 novilladas sin picadores, si se hace un modesto cálculo de asistencia de unos 5.000 espectadores por corrida, vemos los millones que vamos a ver los toros por tradición, por asistir al rito que llevamos dentro, por el arraigo popular heredado de nuestros mayores, pero no por que se haya hecho lo más mínimo por fomentar la afición a la fiesta en España.

La fiesta camina a su aire, con unas estructuras viejas, caducas, recibiendo golpes hasta de organismos oficiales.

Repito, un espectáculo que mueve mucho dinero, crea infinidad de puestos de trabajo, que da ambiente a las ciudades en feria, que da a ganar dinero a hoteles, restaurantes, bares y cafeterías, no puede ser olvidado por quienes deben apoyarlo.

El desconocimiento de la fiesta nacional, de lo que representa en nuestra historia que raya la incultura.

Nino Rubio Granado (Tapioles)

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