06 de junio de 2017
06.06.2017
Zamoreando

Viaje a Castilla

Zamora se yergue orgullosa sobre su historia, su arte y sus tradiciones

05.06.2017 | 23:51
Viaje a Castilla

El sello palentino Región Editorial ha traducido y reeditado el libro escrito por Roger Eliot Fry, artista y crítico inglés, uno de los miembros más influyentes del grupo Bloomsbury junto a Virginia Wolf, tras un viaje a España en 1922. Su título, "Viaje a Castilla". Fry visitó lugares de la vieja Castilla como Segovia, La Granja, Avila, Valladolid. Ciudad Rodrigo o Salamanca. A diferencia de ciertas guías turísticas que en alguna que otra ocasión se han olvidado de que Zamora existe, que Zamora es la única ciudad del mundo que en la entraña de su nombre lleva escrita la palabra AMOR, situada en el oeste español, rayando con Portugal, Zamora se yergue orgullosa sobre su historia, su arte, sus tradiciones y sus costumbres. Quizá sea lo único que le queda a Zamora, el orgullo de haber sido. Pues bien, a diferencia de esas y otras publicaciones, en su "Viaje a Castilla", Roger Fry sí se detuvo en Zamora y en Toro para plasmar sus sensaciones, los momentos estéticos que buscaba.

El libro, magníficamente editado, no en vano José Luis Sánchez, el editor de Región, es un hombre meticuloso, que conoce bien el oficio, ha hecho posible que esta publicación, que esta especie de agenda viajera trufada con los propios dibujos a carboncillo de los lugares que más impresionaron al crítico inglés, haya visto la luz, traducida al español, para que, este texto breve, que se lee de un tirón, nos acerque a la visión que, de estas tierras, tenía el ilustre viajero.

En lo que a nuestra ciudad y provincia respecta, todo aquello que llamó la atención de este magnífico paisajista y defensor del fauvismo, queda plasmado en unas pocas páginas. De Zamora dice: "Debo ser cuidadoso de no dar una idea demasiado prometedora de Zamora por temor a arruinar su agradable carácter de ajetreada ciudad de provincias, independiente y autosuficiente, completamente ajena a los turistas extranjeros y, de hecho, sin hacer nada para atraerlos". Un visionario este Fry. Seguimos igual al cabo de los años, al cabo de casi un siglo. Bien es verdad que también admiró y alabó "la gran riqueza de arte románico curioso e inusual" que alberga esta ciudad de "elegante plaza mayor" pero cuyos soportales están llenos de "tiendas deslucidas y poco invitadoras y bares bastante inverosímiles".

Un libro, una agenda de viajes escrita sin pensar en el lector sino en el momento único que le deparaba el viaje y en sus solas sensaciones, en esos momentos en los que intuición y percepción te llevan a encontrar lo que buscas. Hay que felicitar a Región Editorial por haber rescatado de las garras, si no del olvido propiamente dicho, sí de la indiferencia, este libro absolutamente revelador sobre este trozo de la España de principios de los años veinte. Este libro de viajes atípico, como reconoce en su prólogo Paula Lizárraga, "está salpicado de ideas que nos enseñan a ver, a entender lo que percibimos y a saber cómo expresarlo". Tal cual lo hizo Fry.

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