El Monasterio de Bellofonte, más conocido como Monasterio de Nuestra Señora de Valparaíso, fue fundado por el rey Alfonso VII en el año 1137, siendo su primer abad el virtuoso Martín Cid. Se encontraba en el término de Peleas de Arriba entre unos montes, camino de Salamanca.

Allí nació el que sería Fernando III El Santo. Cuando doña Berenguela de Castilla viajaba por aquellos parajes, aconteció el alumbramiento de su hijo; se dice que fue en el año 1199, aunque hay historiadores que dan la fecha de 24 de junio de 1201.

Pasado tiempo, cuando el rey Fernando viajaba viniendo de Ciudad Rodrigo para Ávila, entró en este Monasterio de Bellefonte, de la Orden cisterciense, donde hizo oración y visitó la sepultura de San Martín Cid, primer abad del Monasterio; pasó también a reconocer el lugar mismo donde fue su feliz nacimiento y mandó que aquel Monasterio de Peleas fuera trasladado al mismo Valle de Valparaíso, y que de allí en adelante se llamase Monasterio de Nuestra Señora de Valparaíso, encargando a Gonzalo de Rodrigo, mayordomo de la Corte del rey se hiciese desde luego la iglesia y el monasterio y cerca de él otra iglesia más pequeña para colocar en ella el cuerpo de San Martín Cid.

El 13 de febrero de 1269, los monjes pusieron estas palabras: "Esta Comunidad ha tenido siempre en tanta estimación a su reedificador el Santo Rey Fernando, que el día que vino la noticia de su canonización hizo especiales muestras de su devoción al Santo, celebrando su primera fiesta y misa solemne con toda la ostentación que pudo ser, y con el concurso de toda la comarca, que vino a la solemnidad y a visitar el lugar mismo del nacimiento del Santo Rey, y todos los años se celebra en este Monasterio su fiesta con mucha solemnidad."

Abandonado el Monasterio con motivo de la Desamortización, al día de hoy ha desaparecido. Las reliquias de San Martín Cid fueron trasladadas en 1835 a la Catedral de Zamora.