28 de febrero de 2017
28.02.2017

Tras un relato de la ciudad

Del desastre del Ensanche a los absurdos en el entorno catedralicio

28.02.2017 | 00:15
Tras un relato de la ciudad

En una publicación del Instituto de Estudios Zamoranos, Las arquitecturas del Ensanche, del arquitecto J. L. Gago Vaquero, se recogen los proyectos mas significativos que formaron parte de la composición de esa parte de la ciudad, que creció a partir de la puerta de Santa Clara sobre los ejes de la avenida de Requejo, de la avenida de Las Tres Cruces, y de la antigua carretera de la Estación. Es una publicación muy estimable, porque los proyectos expuestos, sujetos a variadas condiciones estilísticas y locales de su emplazamiento son de auténtica calidad. Desgraciadamente muchos de esos edificios desaparecieron por un cambio persistente de ordenanzas que permitieron aumentar la edificabilidad de sus solares. Y ahí es donde echo en falta la explicación, ¿por qué la ciudad toma unas medidas tan drásticas con edificios que tendrían como mucho quince años de vida? ¿Cómo se cambia el método de un diseño tan particular como el que se había utilizado para los proyectos realizados en las originales josas? De una ciudad sorprendentemente moderna, con diseños basados en las nuevas tendencias, se pasa a la construcción masiva de bloques residenciales que inauguran la privatización de espacios públicos como los correspondientes a los depósitos elevados de agua o la ermita del Carmen que estaban en la zona.

Era todo un ensayo preliminar para la futura actuación en la expansión de la ciudad, invadiendo tierras de cultivo dejando atrás formas sedimentadas en el reciente pasado. cambiando usos de carácter público de edificios singulares como los conventos, que son trasformados en materia que pase por la trituradora para hacerlas digeribles en el trajín inmobiliario.

No sé si sería este primer movimiento reflejo y autodestructivo por parte de los empresarios zamoranos, alterados al ver que las expectativas industriales de la región decaían y se iban a otras provincias. Para entonces ya se actúa con mayor holgura con los nuevos métodos. Los proyectos asumen los elementos formales de la arquitectura racionalista, prescindiendo de todo detalle de ornato. Las nuevas tipologías entran sin ningún pudor al encuentro físico con los restos de la edificación existente, ahí tenemos la ermita del Carmen aprisionada y diminuta entre los impersonales bloques que la han emparedado. A pesar de que era un sitio de encuentro de los zamoranos en época de novenas. Los chicos medíamos con la vista la gigantesca culebra pegada al techo como atributo seguro de un santo aventurero. Veo la casa Peña en el libro de Gago en la antigua avenida de Requejo, edificación que en su época era la flor en que se miraba el parque y que hoy día sufre una mengua de su imagen, acosada por los altos bloques de vivienda que brutalmente imponen su presencia. ¿Qué aventura puede ocurrir en este entorno en los que hasta los árboles carecen del vigor y de la frondosidad que nos acercaba a la Naturaleza? Este ensanche es el de muchos jóvenes de mi época, desde entonces nadie lo reclama. ¿Qué recambio tiene prevista la ciudad para los que están despertando a la vida?

¿Y cómo suceden las cosas que nos expliquen las líneas del futuro para esta otra zona de la ciudad, que es el entorno de nuestra Catedral? Porque a pesar de las actuaciones puntuales, supone un sacrificio acercarse a revivir los recuerdos de épocas ya lejanas, tal es la penuria de atractivos y de acogimiento al visitante que sufre en la actualidad. Parecía que el plan, consecuentemente con el desalojo del convento que ocupaba la esquina de la plaza con la rúa de los Notarios, iba a reservar ese espacio para darle una finalidad concreta. Por eso se crea un ARI para que la Iglesia tenga la libertad para decidir el tipo de aprovechamiento para un uso de tipo artísticocultural. Pero en esta parcela y ocupando la esquina con la rúa hay un propietario que defiende sus derechos de ocupación. Eso nadie lo va a discutir y habría que satisfacerlos de alguna manera. Para atender tal demanda el plan lo saca del ARI, lo cual es contradictorio con el papel del ARI, creado para resolver aspectos complejos que impiden el desarrollo integral de una parcela con una precisa forma y que se pretende recuperar en una zona estratégica de la ciudad, enfrentada al monumento. Los autores del plan se quitan los problemas de encima y sacan del ARI el esquinazo para que su propietario haga su casita. Esto condiciona el uso del resto del ARI. Ahí tenemos la jugada para quien detenta el título de propiedad del suelo del ARI. Con el antecedente del esquinazo con uso residencial, el ARI ya ha sentenciado la posibilidad de extender su uso residencial al resto del solar. Objetivo recurrente para la Iglesia en la laicización de los conventos en nuestra ciudad, ya que la cotización del suelo residencial es más alta. Y si existen otras intenciones ahí permanecen a ver si alguien se lanza para rematar la misma historia de siempre: la trasformación de un suelo originalmente de dotación semipública en suelo destinado al negocio inmobiliario. A mí lo que parece mas grave es que el plan considera esta parcela, como una pieza de recambio para un mero cambio de usos, cuando en realidad era la pieza clave para la ordenación futura de ese espacio que se extiende frente al cuerpo visible más importante de la Catedral, que recortan unas paneras, obstaculizadoras de la continuidad con el Parque. Existió recientemente una demanda, que se convirtió casi en drama, de un solar para construir el nuevo Museo de Semana Santa. Ahí estaba libre el solar de marras, mutilado con el recorte de su esquina. Pero la Iglesia tenía más altos designios y a nadie se le ocurrió pedírselo.

Otro caso que merece atención porque también es una pieza clave en la ordenación del entorno catedralicio es el modo de como se ha gestionado la parcela en la que se ha construido el edificio del Consejo Consultivo. Si será importante que el arquitecto, ante el temor de ver alterado el equilibrio actual enfrentado a la Catedral, decide envolver al edificio en una especie de manta para que no sea visible desde fuera. Es un caso único en la historia de la arquitectura. Para ello se suprime la fase de gestión propio de un ARI, porque en realidad estaba todo decidido y lo que hicieron fue dibujar en los documentos del plan, la expresión gráfica de lo que se iba a construir. Así aparece el contorno de la edificación futura, los espacios de retranqueo a los linderos y la ocupación del edificio en el solar. Con este planteamiento se elude la normativa propia del sector de edificación cerrada en donde se definen ocupación retranqueos, alturas, etc. El proyectista se ahorra tener que discutir con los técnicos municipales su fidelidad al plan. Pero se ven cosas raras en que aparecen ventanas abiertas a dos metros de unas paredes ciegas que van a determinar que este edificio de paredes de vidrio quede envuelto en una edificación tradicional de material pesado que es lo más opuesto al núcleo edificado interno. Ademas, si fuésemos a analizar el comportamiento sostenible del rendimiento térmico del edificio, tiene todas las trazas de que no cumpla con los requisitos que se piden para los edificios de factura reciente y su mantenimiento será desproporcionadamente caro. Pienso que esta cercanía entre equipo del plan y autoridad regional puede dar lugar a estos "arreglos" y que solo se permiten decidir a las autoridades en estas ciudades pequeñas.

Edificio y envoltura suponen dos arquitecturas, que aparte de estar compuestos con materiales y formas dispares, aumentan la sensación de carecer de una respuesta adecuada con las formas históricas presentes en la escena. Ahora tenemos un edificio que solo puede ser contemplado en los planos de su arquitectura. Y unos usuarios, políticos de alto nivel a los que les está vedado la contemplación de la ciudad, que tienen a su recaudo.

Independientemente de todo lo enumerado se percibe una pasividad por parte de la sociedad civil para restablecer los valores preeminentes de lo público, sin lo cual no podremos organizar los nudos en que ciudad y ciudadanos se fundan con un sentido de pertenencia al pasado común que sea también luminoso para el futuro, el nuestro, el de todos.

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