27 de febrero de 2017
27.02.2017

Mercadillo en Vista Alegre

Tras el ruido de las últimas semanas, llegó el gran día y no hubo ganadores, ni perdedores

27.02.2017 | 00:11
Mercadillo en Vista Alegre

Tres actores fundamentales se enfrentaban en el inicio de los debates sobre los renovados proyectos que se proponían en Vista Alegre, y que tenían que ver con actividades económicas y sociales importantes para la ciudadanía. Cada uno de ellos pugnaba por imponerse a otros, en función de intereses y posibles perjuicios, incluyendo algún que otro prejuicio, como no puede ser de otra manera tratándose de propuestas para unos demasiado cercanas y para otros demasiado lejos.

Todo ello en un clima un poco tenso y crispado, pero que no llegaba a la ruptura porque los tres actores forman parte de un proyecto compartido de sociedad y ciudadanía. Por ello, pese a algunas palabras más o menos subidas de tono y ciertas amenazas veladas en redes y medios de comunicación, al final en Vista Alegre se mantuvieron las formas, porque todos eran parte activa del mismo proyecto.

Quizás hubo ganadores y perdedores. Pero la batalla aún no ha terminado, y será el día a día el que ponga a cada uno en su sitio.

Aunque pudiera pensarse que estábamos hablando del mercadeo del nuevo partido en la famosa cita de la plaza de toros de Vistalegre, lo dicho se refiere a lo sucedido en nuestro particular Vista Alegre, el del nuevo barrio zamorano donde se ha librado una batalla dialéctica por, para, a favor, en contra y todas las proposiciones posibles, de la ubicación del mercadillo de los martes que, como se dice por estos lares, es un debate que no pasa del Alto de los Curas. Y en este caso literalmente.

El ruido fue iniciado por los vecinos que denunciaban las dificultades que la instalación de los puestos les supone para sacar los coches de sus garajes, y de alguna constructora que considera que el mercadillo podría perjudicar las ventas de futuras viviendas. Fueron apoyados por casi todos los barrios en una acción conjunta que sorprende gratamente, si tenemos en cuenta las divisiones que entre las asociaciones vecinales se han dado en tiempos cercanos. Y lo que proponían era alejar el mercadillo hasta una zona que hoy sigue siendo un descampado, como gran parte del barrio, donde el estallido de la burbuja inmobiliaria dejó más solares que edificios con casas vacías, y una falta evidente de equipamientos sociales públicos y privados.

Uno de los actores principales, el de los vendedores, que en la ciudad han ido de la ceca a la Meca desde que fueron "expulsados" por obras de la Horta -que ahora nos dicen que albergó una judería- resistieron en silencio y cumpliendo todas las exigencias legales, las legítimas quejas del vecindario, a las que se unieron los también legítimos intereses de trabajadores y usuarios del hospital Virgen de la Concha, que aparcan en el barrio desde que se construyó el parking subterráneo para ese fin.

También se sumaron contra el mercadillo voces maledicentes y anónimas que añadieron al ruido, la suciedad, la fealdad, la pobreza, las sospechas, las falsas acusaciones y el racismo disfrazado de todo lo anterior. Pocas, pero "haberlas haylas".

Al fin llegó el día de abrir las urnas, ¡perdón, en qué estaría pensando!; o sea, se instaló el mercadillo, y el tercer actor principal del debate, los usuarios y sobre todo la mayoría de usuarias, apoyaron inequívocamente con sus asistencia el mercadillo que llevaba más de dos meses sin actividad.

El martes fue día soleado y plácido, y en las calles de Vista Alegre convivieron en paz los que parecían actores enfrentados por distintos intereses: los vecinos que quieren evitar molestias para vivir en su barrio, los usuarios que necesitan comprar barato porque no pueden estirar más la pensión o el sueldo, y los trabajadores ambulantes que se ganan el pan en paz. Cada uno seguía pensando lo mismo, pero no hubo ganadores ni perdedores relegados a la segunda fila, porque todos pertenecen a la misma vecindad, viven en la misma ciudad, son el mismo pueblo.

Luego hay otros actores que disfrutan acercándose al mercadillo a dar un paseo porque le gusta ese ambiente. Aunque esos no cuentan en el conflicto, porque son unos románticos, soñadores, poetas? Que también "haberlos haylos", y muchos en nuestra Zamora.

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