23 de febrero de 2017
23.02.2017
Crónicas de un paso de cebra

Oficiantes de la belleza

La exposición de la Fundición Codina, una oportunidad única de acercamiento al arte en Zamora

23.02.2017 | 00:16
Oficiantes de la belleza

Se cuenta que Miguel Ángel Buonarroti para hacer sus obras, se acercaba a la cantera de Carrara a escuchar lo que le sugerían los bloques de mármol. Un día creyó oír música en uno de ellos, y así sacó del vacío al David, cuyo original se exhibe en La Academia en la ciudad de Florencia, para ser contemplado por la mirada atónita de todos aquellos que viajan hasta allí.

Tiempo después, buscó otro, para realizar el Moisés que estaría sentado sobre la tumba del papa, Julio II, pero tardó muchos años en encontrarlo, porque no lograba escuchar nada. Hasta que un día se dio cuenta de que un gran bloque, recién sacado de las entrañas de la tierra, le trasmitía un profundo silencio, y lo escogió porque entendió que esa era la forma de respetar el sueño de los muertos. De hecho, Miguel Ángel, una vez acabada la obra, desesperado, le dio a la estatua un martillazo en la rodilla, que aún se puede apreciar en la actualidad en la iglesia de San Pietro in Vincoli en Roma, donde además se custodian las cadenas que llevó San Pedro en su prisión de Jerusalén, y le dijo: "Habla".

La genialidad de todo escultor se centra en la posibilidad de hacer que se manifiesten la forma y el volumen de las cosas, sacándolas del vacío donde se encuentran, ese lugar donde se da la negación de la esencia permanente, lo que se identifica con la no existencia del mundo. Aunque, paradójicamente, cuanto más se omiten o difuminan las formas, la obra se vuelve más sugerente y fascinante. Imaginar, desear, crear, unido todo ello al genio y a la inspiración hacen posible la excelencia de la forma. Y es muy difícil llegar a ese nivel de creación.

Decía Bernard Shaw que "La imaginación es el principio de la creación. Imaginas lo que deseas, persigues lo que imaginas y finalmente, creas lo que persigues".

Solo quien ama apasionadamente la labor creativa puede dar forma a la materia. Un artista no espera nada, no sabe adónde va a poder llegar cuando coge el cincel y la maza para empezar una obra.

Y ahora en Zamora, desde el 3 de febrero hasta el 30 de abril se puede contemplar en el soberbio antiguo Palacio de la Diputación Provincial, una magna exposición escultórica donde se presentan obras de los siglos XIX, XX y XXI, denominada: "Tres siglos de Escultura. Fundición Codina", gracias a las gestiones realizadas por el profesor y escultor zamorano Ricardo Flecha Barrio con los dirigentes de la citada Fundición, quienes desinteresadamente han cedido obras de su propiedad para que puedan ser disfrutadas por todos aquellos que quieran acudir a visitarla.

Y eso es lo que ha hecho posible que tengamos el privilegio de ver de cerca 70 obras, muchas de ellas fundidas a la cera perdida, de autores representativos, alguno zamorano, entre los que destacan, Rodin, Degas, Benlliure, Lobo, Barrón, Victorio Macho y muchos más.

A los visitantes los recibe una Cabeza de caballo monumental de Benlliure, que presenta un modelado excepcional.

En una de las salas se exhibe de forma muy didáctica, el proceso completo de la fundición a la cera perdida, para que se entienda perfectamente la complejidad del mismo.

Cada pieza encierra una historia, por ejemplo, la de Nerón y Séneca, un regalo de Barrón a la Fundición, se conservó gracias a que en la Guerra Civil la escondieron en un bidón de cera, porque todo el edificio fue confiscado para fabricar bombas. Un claro triunfo de la razón sobre la barbarie, como se recoge en el Catálogo de la Exposición.

El bronce de autor desconocido, titulado Desnudo tumbado, recuerda a las esculturas de mármol que Clará realizó para la plaza de Cataluña en Barcelona.

El boceto del Monumento a Cervantes de bronce de 1929, base del que fue situado en la Plaza de España de Madrid, con el fin de conmemorar el tricentenario de la muerte de Cervantes. Lo realizó el genial escultor Lorenzo Coullaut Valera, muerto prematuramente, tras ganar un concurso nacional. Fue su hijo, Federico Coullaut Valera el que acabó el mismo, añadiéndole el resto de las figuras, a La Gitanilla, a Rinconete y Cortadillo y otras.

La figura de El Atlante de Javier de la Rosa es de gran finura, y él justifica el título como fuente de inspiración, porque ha querido "Aprender a imaginar con mitos y leyendas?".

Los retratos en escayola de Pablo Serrano, integradas en su existencialismo escultórico, desprenden una fuerza y una rotundidad absolutas.

El Ícaro de Juan Haro, es una pieza románica actualizada de los equilibristas que adornan los canecillos y fustes de numerosos edificios románicos.

El Niño con pajarito de Ramón Muriedas, presenta una concepción muy personal. El pajarito que le sale del corazón, anuncia una escultura con toques mágicos y surrealistas.

Las obras de Rosa Santa Cruz de marcado carácter italianizante, recuerdan a Giacometti. Figuras sumamente estilizadas, como el Ángel, y de una fragilidad suma. Aquí me poso yo, donde una niña aparece acompañada por un ser alado que se ha posado suavemente en una de sus manos. Realizada en bronce con una labor de ataujía que la vuelve casi trasparente.

Y qué decir de la Maternidad de Rodin o de la Danza española de Degas, obras que han influido en casi todos los artistas contemporáneos.

Y no puedo dejar de citar uno de los autores actuales que más me han impresionado, por su novedosa concepción racial de los volúmenes y por la modernidad del tratamiento en la figura humana, mezclando el movimiento y el estatismo, que recuerdan a la escultura egipcia, sus escribas en bloques y al arte nubio, se trata del jovencísimo Jesús Curiá.

Destaco su Nuba de Kau, de la que sobresalen unas texturas excepcionales de todos los elementos compositivos, la niña jugando que mira sin ver desde sus cuencas vacías y el aro que la envuelve y delimita; La cabeza alada, y el Sentinel, majestuoso y desconcertante en su porte y rigidez, presidiendo la escalera del Antiguo Palacio de la Diputación.

Y muchas obras más.

Con esta exposición, se han conseguido los objetivos propuestos en la misma plenamente, por un lado, contar la Historia de la evolución de la escultura en España desde el siglo XIX hasta nuestros días, y por otro, acercar un oficio apasionante, como el de creadores y fundidores de obras escultóricas a todo el mundo.

Desde aquí, mis más sinceras felicitaciones a los organizadores, en especial a Flecha, a la Fundación Codina y a la Diputación, por haber hecho posible que obras tan excepcionales puedan ser contempladas por un público ávido de todas estas manifestaciones artísticas de primer orden.

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