19 de febrero de 2017
19.02.2017
Domingo 19, VII del tiempo ordinario

La vergüenza de no querer pedir

19.02.2017 | 01:57
La vergüenza de no querer pedir

hemos de confesar que demasiado a menudo estamos necesitados de ayuda y nos da vergüenza pedirla. De hecho, la mayor parte de los problemas que tenemos en esta sociedad es por una gran falta de confianza en los demás: en las instituciones, en las administraciones y en las personas concretas que nos rodean. A pesar de que existen cantidad de iniciativas para los problemas que se nos plantean, sin embargo, seguimos esperando a que se solucionen solos, mientras se agravan día tras día. Es como el enfermo que no pone remedio a su infección y deja que poco a poco vaya adelante, o como el jardinero que descuida su jardín y poco a poco deja que sea devorado por malas hierbas.

Cuando alguien exagera en la solución de un problema leve, existe el dicho de "matar moscas a cañonazos"; el problema es que a los grandes problemas de la vida y la sociedad, que son cual león a punto de devorarnos, solemos querer ponerles fin con un matamoscas.

Jesús lo sabe. Sabe que los grandes problemas nos pueden acobardar y procuramos minimizarlos. Sabe que procuramos poner soluciones baratas a los grandes problemas de la sociedad: una valla o muro para la solución de la inmigración, un divorcio exprés para los problemas de una familia, una inyección letal para un enfermo terminal... y podríamos citar un sinfín de etcéteras.

Sabe que nuestro pecado nos avergüenza y por eso pediremos mucho menos de lo que en realidad necesitamos. No necesitamos vallas, rupturas y muerte... lo pedimos porque no nos atrevemos a pedir solidaridad, comunión y vida. Pedimos que nos acompañe una milla cuando en realidad necesitamos que sean dos; pedimos una túnica cuando en realidad necesitamos también la capa; pedimos un aborto cuando en realidad necesitamos fuerzas y recursos para atender a quien es sangre de mi sangre; pedimos, en fin, lo fácil, porque no queremos complicarnos la vida.

Jesús también lo sabe. Nos invita a ir siempre más allá en los problemas, a buscar el fondo, a escudriñar los motivos para llegar a saber qué es lo que necesita cada hombre que se acerca a nosotros. ¿Necesita solo una milla? ¿O solo la túnica? Es fácil ofrecer lo que te piden. Cuando alguien acude al despacho y pide ayuda para pagar la luz o el gas es fácil atenderlo, lo difícil es involucrarse en que esa casa sea un cálido hogar.

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