11 de febrero de 2017
11.02.2017
Teniente de alcalde del Ayuntamiento de Zamora

¿De quién nos defienden los nuevos muros?

Contra las tapias infranqueables de Trump, la raya portuguesa no existe y salvó vidas

11.02.2017 | 02:00
¿De quién nos defienden los nuevos muros?

Asombra tanto como indigna que el Presidente de Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, vaya a construir un muro para protegerse del situado al sur, con la colaboración forzada del gobierno mexicano.

Que hayamos llegado al siglo XXI construyendo muros para la defensa, dice muy poco de la condición humana en tres aspectos: en la política, incapaz de resolver los conflictos por la diplomacia; en la tecnología, incapaz de superar la Gran Muralla China de hace dos mil años?Y en la ética e inteligencia del ser humano, incapaz de superar los conflictos por un lado y la grandiosidad de la Muralla China, convertida en un atractivo turístico que sí ha superado el objetivo defensivo de su construcción.

Durante mi infancia me educaron en la escuela en el rechazo del Muro de la Vergüenza que separaba Berlín en dos, los ganadores buenos de la Segunda Guerra Mundial en un lado y los malos ganadores comunistas en la otra parte, y que había separado a familias enteras según en qué lado les sorprendió su construcción.

Menos claro era para mí el concepto de otro muro famoso en aquellas épocas de niña intelectualmente inquieta o curiosa como todos los niños: el Telón de Acero, que no aparecía ni en las fotos de los periódicos ni en las primeras televisiones en blanco y negro. Pero existía porque oíamos hablar de él, y nos daba más miedo que el de la Vergüenza. Hasta que un día descubrimos que no era un muro de piedra como la Muralla China ni de cemento armado coronado de alambradas como el de Berlín, sino una frontera entre los países europeos bajo la influencia de la Unión Soviética y los occidentales regidos por democracias capitalistas. Seguía dando miedo. En Zamora también tenemos nuestra Muralla que, a diferencia de la China, había sido engullida por el tiempo incorporándose a las viviendas construidas, o derribada por haber perdido su funcionalidad original, la que dio lugar al dicho de que Zamora no se ganó en una hora. De defender la ciudad en la Edad Media ha pasado en este siglo a tener que ser defendida para recuperar su valor patrimonial, aunque no defensivo.

Sin embargo, y pese a que parezca obsoleta su función de defensa como en la Muralla de Zamora, en el mundo se han seguido construyendo muros con el fin de protegerse del vecino enemigo: entre Israel y Palestina, entre Arabia Saudí e Irak, y entre éste país y Kuwait? y más próximos a nosotros, en el Sahara y en Ceuta. Sorprende que en un mundo en el que el avance de la tecnología para matar y destruir ha llegado hasta a poner en riesgo la supervivencia de la humanidad entera, se sigan construyendo viejos muros casi artesanalmente para defendernos ¿De quién?

Los países que tienen todo el armamento en sus manos, dicen que el muro les defiende del narcotráfico -como dice Trump de los mexicanos- y del terrorismo- como dice el ocupador Israel respecto a la tierra ocupada de Palestina, o los invasores contra el estado invadido de Irak.

Pero eso no justifica otros muros como el de Ceuta, por donde intentan pasar los africanos que huyen del hambre. O las fronteras que se cierran para los que intentan sobrevivir a guerras como la de Siria. ¿De quién nos defienden realmente los muros?

Aunque ya lo sabíamos, el presidente Trump lo ha dejado bien claro cuando, antes de abordar el muro de México, ha firmado un decreto para evitar la entrada de inmigrantes, no de terroristas y narcotraficantes sino de trabajadores, proclamando que "América es para los americanos". Y dando por hecho que América es EE.UU.

Hay fronteras sólidas de muros; líquidas de océanos atravesados por pateras; otras que no son más que una firma en un despacho, pero tan poderosas como el viejo Telón de Acero, que se alzan contra la pobreza de los países vecinos. Y hay fronteras internas que impiden el paso de los pobres a la educación, a la cultura, a una vivienda?

Volviendo al territorio de la infancia, me decepcionó que la primera vez que pasé a Portugal en la Romería de la Luz, esperando un muro o un teloncillo de acero, la frontera entre Portugal y España no existiera. Por allí -me contaron más tarde- salvaron su vida muchos zamoranos en la guerra civil.

Contra los muros infranqueables de Trump, defendamos la raya portuguesa que no existe y salva vidas. Menos mal que, otra vez, nos queda Portugal.

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