08 de febrero de 2017
08.02.2017
Zamoreando

Sin gente y sin pueblos

El éxodo rural es un viaje sin retorno que apaga lentamente la provincia

08.02.2017 | 00:21
Sin gente y sin pueblos

La despoblación es un hecho en Zamora. El pasado año perdimos población a punta pala. Ahora nos enteramos de que el mapa de la provincia se está reduciendo de forma alarmante. Entre los pueblos que pasan a formar parte de otras provincias y los que se van quedando sin gentes que le den vida, Zamora se apaga lentamente. Porque, a ver, la capital no es nada sin la provincia. Y Zamora no se puede permitir el lujo de seguir siendo la gran perdedora de Castilla y León. Quienes rigen nuestra comunidad autónoma deberían dejar de mirarse el ombligo que tienen ubicado en Valladolid y echar el resto con ciudades y provincias como la nuestra.

Si hasta la Federación Española de Municipios y Provincias ha puesto el grito en el cielo reclamando políticas de Estado urgentes. El Estado español y la Comunidad Autónoma a la que pertenecemos tienen que hacer algo para evitar el terrible desaguisado que se está produciendo. No se le puede echar el candado al campo. La ciudad tampoco es una bicoca. El éxodo rural es preocupante. Un éxodo sin viaje de retorno. Y es que muchos prefieren malvivir en la ciudad que bien vivir en el pueblo. Es un error como un castillo. En la ciudad tampoco se regalan los euros que conforman la nómina.

En casos así no hay que fijarse en funcionarios y políticos porque siempre se saldrá perdiendo en la comparación. Y, quién sabe, algún día puede acabárseles el estatus del que ahora gozan. Yo no sé qué hacen nuestros políticos a izquierda y derecha cuando van, en unos casos a las Cortes de Castilla y León y en otros al Congreso y al Senado. De verdad, alguna vez, aunque sea en voz baja, ¿hablan de Zamora y de sus problemas? De verdad,¿cuándo retornan para pasar esos largos fines de semana, se patean, gastando suela propia, la realidad rural y de paso la urbana? No padre.

Siempre se le ha echado la culpa a los políticos locales y provinciales con el consabido y desesperante: "Tenemos lo que nos merecemos". Oiga, se lo merecerá usted. Yo quiero para mis conciudadanos, para mis paisanos en general, lo mejor y si lo mejor pasa por ponerles las peras al cuarto a cuantos colocamos cada cuatro años para hacernos oír sin percatarnos de que una vez conseguido el escaño pierden la voz, pues habrá que hacer fuerza y avergonzarles. Aunque tengo para mí que muchos de ellos no tienen vergüenza. Que los políticos nacionales no vengan a Zamora de jolgorio, que lo hagan para darnos soluciones, para decirnos, si tienen la clave y la llave, qué podemos hacer para salir del brocal del pozo en el que estamos a punto de caernos. Y es que una vez dentro no hay salvavidas que evite el ahogamiento definitivo.

Creíamos que con el Alvia que nos tiene a poco más de una hora de Madrid, esto iba a ser jauja. Pero no. Zamora sólo sirve para que Buenafuente haga chistes a costa de nuestros pueblos y encima, además de soportar la mofa, se le invita, posiblemente a papito que quieres, para que al volver hable bien de esta tierra durante treinta segundos. Madre mía, nos quedamos sin gente, y eso parece ya irreversible y ahora nos quedamos sin pueblos a fuerza de quedarnos sin gente. El titular de LA OPINIÓN-EL CORREO el pasado sábado era demoledor: "Nueve de cada diez pueblos están en riesgo de desaparecer a medio o largo plazo". Como tenemos tanta suerte, será a medio plazo.

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