02 de enero de 2017
02.01.2017

Marcelino Champagnat

La historia de la congregación de los Hermanos Maristas en la provincia de Zamora

01.01.2017 | 23:46
Edificio del colegio marista de Zamora, en la avenida Requejo. La imagen es de 1922. Abajo, retrato de Marcelino Champagnat.

El dos de enero de 1817, en Francia, la gente del común no estaba para fiestas excesivas de Navidad ni de otro tipo. Más que librarse de la resaca trataba de salir de la larga "fiesta" de guerras en que había entrado tras la Revolución. En 1814 los gastos militares habían ascendido al 55% del presupuesto nacional. Tres años más tarde cada cual hacía lo que podía para levantar cabeza, después de haber caído tantas. Aparentemente ajeno a estas vicisitudes, un joven sacerdote destinado a una aldea de los Montes Pilat, valle del Ródano, comprobaba que la postración de su país, exhausto de agitaciones políticas y bélicas, afectaba en mayor medida a las zonas rurales donde el analfabetismo era casi endémico. De sus primeras catequesis itinerantes pasó a darle contenido educativo a su preocupación religiosa, creando pequeñas escuelas rurales. Empezó dando formación elemental a jóvenes que se repartían por las aldeas para suplir las carencias que el Ministerio Público no estaba en condiciones de paliar. El éxito fue tal que los alcaldes y sacerdotes del entorno empezaron a demandar al joven cura coadjutor más mozos instruidos para instruir.

Con su primer uniforme, visiblemente azul, eran conocidos como "Les Petits Frères de Marie", traducido: Hermanitos de María. El tal cura visionario se llamaba Marcelino Champagnat. Sabía en lo que se metía. Él era de pueblo. Empezó tarde a estudiar, tanto es así que abandonó temporalmente la escuela primaria traumatizado por el bofetón que el maestro le propinó a un compañero. Recuperó el tiempo con esfuerzo notable y se hizo cura. No se lo imaginaba ni de lejos cuando estaba guardando, de niño, el pequeño rebaño de ovejas familiar.

Aquel 2 de enero de 1817, los primeros discípulos de Champagnat se juntaron en una casita cerca de la vivienda cural dando origen a la futura congregación de los Hermanos Maristas.

En la primera década del siglo XX llegaron a España y en 1922 abrían en Zamora el Colegio-Academia Sagrado Corazón, en la avenida Requejo. Tras un comienzo esperanzador, el colegio-internado, para el que ya había una compra de solar mucho más amplio en la calle de la Amargura, hubo de cerrarse cuando ya declinaba, al comienzo de la República. No terminó del todo su presencia en la provincia. En l961, los hermanos se hicieron cargo del Colegio Santísimo Cristo de los Afligidos de Villarrín de Campos, fundación del benefactor local el abogado don Matías Alonso. La historia del colegio ha sido relatada -y reseñada en este diario- por el inspector de Educación e investigador Francisco Trancón. A mayores, hay todavía una historia oral de testimonios que recuerdan con inmenso cariño y gratitud la corta, pero fecundísima labor de los hermanos en el pueblo, en el campo académico, religioso, cultural, deportivo etc.

La presencia marista se extiende por los cinco continentes. En el año recién estrenado se celebra el bicentenario de su fundación.

Su lema lo representan tres violetas: humildad, sencillez y modestia. Cuatro hermanos fueron asesinados en l996 en el Zaire atendiendo a un campo de refugiados. A día de hoy una comunidad permanece en Alepo dirigida por el H. Georges, siendo reconocida con el "Premio Internacional Navarra a la Solidaridad 2016".

Los que hemos sido formados en Villarrín y en otros puntos de acción marista en España celebramos también el aniversario porque con alegría y entrega mucho nos enseñaron y es de bien nacidos ser agradecidos.

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