19 de noviembre de 2016
19.11.2016

Sin luz, sin vergüenza

Los miserables éticos no solo son los más fuertes: compran los árbitros, los ponen a su servicio

19.11.2016 | 00:44
Sin luz, sin vergüenza

UNO. Nada define mejor el desorden económico en que vivimos que el concepto de pobreza energética. Capas de población cada vez más numerosas se quedan sin luz y sin calefacción, porque no pueden pagar la factura. Al tiempo, las empresas que producen esa energía declaran cantidades ingentes, obscenas y casi siempre crecientes de beneficios netos. Al tiempo también, los ejecutivos y consejeros de esas empresas reciben sueldos estratosféricos, alejados de cualquier sombra de racionalidad. Lo uno no se entiende sin lo otro. Son las dos caras de una moneda. Sin arruinar al conjunto de la población, mal podrían las empresas energéticas declarar beneficios brutales que no dejan de crecer ni en épocas de crisis. Si este no fuera el país donde es más cara la factura de la electricidad, mal podrían las empresas colocar en sus consejos de administración, con fabulosas pagas, a políticos que saben de energía lo mismo que yo. Esto es como un combate de boxeo, con muertos incluidos. En una esquina del ring, los pobres energéticos, que no pueden pagarse la hoy imprescindible electricidad; en la otra, la miserables éticos y morales, los integrantes de las capas dirigentes, enriqueciéndose a su costa. Es obvio desde qué esquina se ganan todos los combates. Los miserables éticos no solo son los más fuertes: compran los árbitros, los ponen a su servicio.

DOS. La miseria moral de los de arriba es seguramente inevitable. El sistema económico actual está basado en la codicia pura y dura. Nuestro gran problema son los árbitros, que es lo mismo que decir Gobierno. Su razón de ser es garantizar una pugna limpia, equitativa, entre intereses contrapuestos: el de quienes consumen la energía y quienes la producen. Estos tratarán de cobrar todo lo posible, aquellos intentarán pagar lo mínimo imprescindible. Eso es lo normal. Lo anormal es que no haya árbitros o estén comprados, incluso a la hora de poner precio a servicios tan básicos. Consumir energía, como saben, no es algo optativo. Tampoco hay competencia, aunque se esfuercen en fingir lo contrario. Es un mercado cautivo. Y en ese tipo de mercados, si no hay árbitros o regulación, los fuertes cobrarán lo que les de la gana y los débiles quedarán a merced de su codicia. Es lo que hay. En eso estamos. La progresiva podredumbre de las democracias en este inicio del siglo XXI deriva de la progresiva podredumbre de la representación política. Esta tiene sentido y se justifica si ejerce de árbitro y defiende a los más débiles frente a las élites, a las mayorías frente a las minorías. Cuando ocurre lo contrario, cuando los poderosos ponen a los árbitros en nómina, cuando los Gobiernos permiten abusos sin fin a los grandes oligopolios y conglomerados empresariales, los sistemas políticos crujen, se resquebrajan y acaban estallando.

TRES. Una anciana murió en Reus hace unos días porque le habían cortado el agua y la luz, y se originó un incendio por la humilde vela con la que se iluminaba. No creo ni por asomo que sea la primera muerte (ni la última) por pobreza energética en el país de la luz más cara de Europa. En Zamora no hay invierno en el que no tengamos noticia de alguna muerte por intoxicación de los braseros con los que siguen calentándose muchos de nuestros paisanos más humildes. Y ahora díganme si es o no indecente que el Gobierno del PP, apoyado por Ciudadanos, permitido por el PSOE, siga sin mover un dedo en este asunto. Incluso en lugares tan conservadores como el Reino Unido está prohibido por ley cortar el suministro de energía en invierno a quien no puede pagar la factura por ser pobre. Aquí, miles de zamoranos y millones de españoles se tienen que acostar en cuanto oscurece, embutidos en dos o tres pijamas y bajo todas las mantas disponibles. No pueden ni calentarse un vaso de leche? si tienen leche. Ahora piensen en todos esos a los que han mandado recientemente, con sus votos soberanos, a disfrutar de un escaño en el Congreso y el Senado. Piensen en ellos, uno a uno. Piensen en lo que están haciendo para pelear, en nombre de sus votantes, contra todo esto... Bienvenidos a la indignación.

(*) Periodista, escritor y secretario general de Podemos Zamora

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