13 de noviembre de 2016
13.11.2016
Domingo 13, XXXIII del tiempo ordinario

El "esjaton"

13.11.2016 | 00:54
El "esjaton"

Perdonen la arrogancia. "Esjaton" significa último, la plenitud. Es a esta realidad a la que se refiere el evangelio de hoy. Nosotros decimos en el lenguaje: "estás en las últimas" al referirnos a una situación delicada, o en el campo de la moda: "esto es lo último de lo último". Que no nos confunda el lenguaje, porque el autor bíblico no pretende amedrentar a nadie. Pone en boca de Jesús una serie de elementos nuevos que cambian la visión apocalíptica que se nos ha ido transmitiendo. A Jesús no le impresiona tanto el fin (un judío pensaba que con la destrucción del Templo de Jerusalén que sucedió en el año 70 se acabaría el mundo) cuanto las actitudes de cada uno ante la realidad actual (antes de eso).

Es el presente del creyente lo que le interesa a Jesús. ¡Que nadie os engañe! Ni el fin ni las catástrofes tienen importancia alguna, si sabemos mantener la actitud adecuada. La realidad no debería perturbarnos: "no tengas miedo". Para una cristiano la realidad material termina, pero lo esencial dura. Bastante difícil de comprender y sobre todo de vivir.

Con sentido común, es propio de las personas buscar seguridades ante un futuro previsible. El problema es dónde pongo yo el acento. Y la seguridad no la podrá dar la falta de conflictos (siempre los habrá), ni la promesa de felicidad, sino la confianza en Dios. En este momento actual no serán los templos económicos, ni los organigramas, ni los planes de pensiones, ni las doctrinas, ni incluso un cristianismo sociológico, los que garanticen nuestra salvación. Todo lo contrario: puede que la desaparición de esto mismo sea la que nos motive e involucre para buscar la verdadera salvación. Decía San Ambrosio en el siglo IV que "los emperadores nos ayudaban más cuando nos perseguían que cuando nos protegen".

Por tanto, lo esencial del mensaje cristiano está en dar valor al presente, no como el "carpe diem" de mi yo autosuficiente, sino desde la aceptación de mis limitaciones a partir de las cuales poder descubrir mi propia plenitud que toque un poco de eternidad. El peligro está en que busquemos en la vida espiritual la manera de potenciar lo material

La plenitud de los tiempos "vino, llegó" cuando Dios llenó nuestro tiempo de un contenido nuevo, que él había prometido y que el pueblo esperaba. Lutero expresó dicha plenitud con una frase difícilmente superable tanto por lo que se refiere a su contenido como a su belleza: "No fue el tiempo lo que hizo que el Hijo fuese enviado, sino al contrario, la misión del Hijo llevó el tiempo a su plenitud".

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