31 de mayo de 2015
31.05.2015
Domingo 31, solemnidad de la Santísima Trinidad

Dios no es un solitario

31.05.2015 | 00:22
Antonio Jesús Martín de Lera

La fiesta de la Trinidad nos ayuda a contemplar el misterio pascual en la totalidad de Dios único o en la acción del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. También nos revela el ser del cristiano, imagen y semejanza de un Dios que es comunidad de vida, comunión de personas. Recordemos que la persona se define por una relación de amor. Aunque el término "Trinidad" no se encuentra en el Nuevo Testamento se pueden observar pasajes en los que se describe la acción amorosa y creadora del Padre, la acción liberadora y salvadora del Hijo y la acción santificadora y llena de plenitud del Espíritu.

Cada año los cristianos cuando celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad nos preguntamos "¿quién es Dios?". La respuesta es que Dios es un misterio de comunión y de amor. No es un ser cerrado e impenetrable, inmóvil e indiferente. Su intimidad misteriosa es solo amor y comunicación.

Sólo a partir de la Historia de la Salvación realizada por Cristo, y llevada a término por el Espíritu, es posible comprender el sentido de Dios para nosotros y para la vida de la comunidad cristiana.

Lo conocemos más por lo que ha hecho por la humanidad, que por lo que Él es en sí. Se ha hecho lo suficientemente cercano como para que creamos en Él, y es lo suficientemente misterioso como para que lo busquemos siempre. La fe se hace amor, porque el amor es la respuesta más auténtica a quien sabemos que nos ha amado.

En el evangelio de Mateo de este domingo Jesús manda a sus discípulos: "Id y haced discípulos de todos los pueblos". Discípulo es el que imita a Jesús: el que defiende al marginado, el que ayuda al enfermo, el que defiende la dignidad del pobre. También dice: "Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". El bautismo nos incorpora a la vida familiar de Dios. Nuestra vida es un camino de conversión para vivir lo que ya somos por don de Dios. Con Jesús aprendemos a ser, como Él, hijas e hijos del mismo Padre. El Espíritu nos impulsa desde dentro con el fuego de su amor.

Por último el Señor añade: "Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". Si hablamos de fe, si nos movemos en ella, este es nuestro campo: creer, vivir con tanta certeza como nos sea posible que Jesús está con nosotros todos los días de nuestra vida.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook