28 de mayo de 2015
28.05.2015
La opinión de los jóvenes

Reforma educativa de la Lomce

Los estudiantes nos sentimos como cobayas de un experimento en el que nadie sabe nada

28.05.2015 | 00:34

El actual Gobierno lanzó un anteproyecto de Ley Orgánica para modificar el sistema educativo. Por este motivo, miles de personas en todas las ciudades se movilizaron en contra de dicho cambio. A pesar de ello, la ley fue aprobada y ahora mismo se está llevando a cabo el proceso para implantarla. Hasta aquí, todo parece más o menos normal: un partido llegar al poder, cambia cosas, la oposición se moviliza y el Gobierno los ignora.

Pero el problema llega después. Desde un primer momento, la información existente en relación con la Lomce fue escasa e imprecisa. Se rumoreaba que se adoptaría un sistema de reválidas, que sería más centralista, y que cambiaría ciertos aspectos de algunas asignaturas. Los sectores más disconformes aseguraban que retrasaba la educación española unos treinta años, que era injusta e incluso fascista. Pocos sabían algo, y lo que se sabía era muy ambiguo. Aún así, ¿qué cuesta protestar por algo aunque no se conozca? Muchos se manifestaron, expresaron enérgicas quejas y criticaron al Gobierno, sobre todo al ministro de Educación.

No dudo que lo hicieran con la mejor intención, convencidos de que luchaban por un futuro más digno, pero muchos ignoraban las causas de su reivindicación. Ahora, a medio año de que se implante la Lomce en los cursos impares de la ESO y del Bachillerato, seguimos sin tener noticias sobre el tema. Muchos hacen especulaciones, intentan extraer algo de información de unos borradores enmarañados, y buscan dar respuesta a las preguntas de unos estudiantes cada vez más impacientes. Nuestro futuro (el de los alumnos) está en el aire y los cambios, que al fin y al cabo nos van a afectar a nosotros, nos son desconocidos. Nos sentimos como cobayas en un experimento del que nadie sabe nada.

La educación ha sido y es utilizada como arma política, como una excusa para llevar la contraria a los que no piensan como uno, y mostrarles quién manda. Así, cada vez que el Gobierno cambia, los estudiantes, los docentes y todas las personas relacionadas con el mundo de la educación, nos echamos a temblar temiéndonos los cambios más drásticos, radicales y en muchos casos absurdos que se puedan imaginar. Siempre que esto sucede, millones de personas vemos cómo se abre frente a nuestros ojos un futuro incierto, porque está bien modificar y cambiar las cosas que no funcionan, pero no hacerlo sin ton ni son, como parece que a veces ocurre.

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