24 de mayo de 2015
24.05.2015
Domingo 24, solemnidad de Pentecostés

Quiero una vida mejor

24.05.2015 | 00:11
Quiero una vida mejor

Con la celebración de la solemnidad de Pentecostés culminamos el tiempo de la Pascua. Y digo culminamos porque la intensidad de estos días ha ido en progresión hasta hoy. El Señor ha resucitado y eso ha cambiado para siempre la historia de la humanidad, tu historia personal y la mía. Pero esto se podía haber quedado ahí y tú y yo hubiésemos corrido el peligro de no enterarnos de nada. ¿Por qué ha cambiado mi historia y la tuya? Porque tú y yo estamos salvados por este acontecimiento pascual llevado a cabo por Jesucristo. Nos ha salvado por amor. "¿De verdad? ¿En serio?" Totalmente en serio, es una realidad.

Y de todo esto nos hemos enterado porque Dios Padre y Jesucristo regalaron la fuerza del Espíritu Santo a los discípulos para ponerse a anunciar la mejor noticia para toda la humanidad. Sí, así es. Aquellos discípulos estaban conmocionados. Verdaderamente impactados con los sucesos de la muerte de Cristo en la cruz. Un hombre bueno, que había hecho milagros en favor de los demás, que había pronunciado unas palabras que llegaban al corazón de quién las recibía sin prejuicios.

Aquel hombre tan especial había sido condenado injustamente a morir en la cruz. Pero ahí no acabó todo. Resulta que ese hombre también es Dios, el Hijo de Dios y ha resucitado de la muerte a la vida eterna. Estamos llamados a seguir el mismo camino. El choque interior de aquellos testigos de Cristo es brutal. Tratan de entenderlo todo con explicaciones humanas, con la lógica de este mundo. Tarea imposible. ¿Desde cuándo podemos reducir a Dios -que está por encima de este mundo- a entrar en unas leyes naturales, de las que Él es el Creador? Es normal que se sintieran estupefactos y paralizados. Solo cuando Dios les da el Espíritu Santo son capaces de comprender y entender. Son capaces de creer, de tener fe. Y se ponen a anunciar lo que han vivido.

¿Quieres tú también comprender, creer, entender, tener fe? Tienes que recibir de la misma manera que ellos al Espíritu Santo en tu vida. ¿Cómo? Ellos están juntos, los discípulos unidos. Nosotros también tenemos que estar juntos, en la comunidad de los bautizados, en la Iglesia. Ahí se derrama el Espíritu Santo, en la comunidad cristiana, en la Iglesia. Acércate a la Iglesia, que es el grupo de los discípulos de Cristo. Ellos estaban llenos de dudas, de interrogantes, de inquietudes, de oscuridades. El Espíritu Santo, Dios, lo iluminó todo. Hoy también puede iluminar tu vida. Vuelve a la Iglesia, a tu casa, a tu familia de la fe. Ya verás cómo sobre ti también sucede el milagro de Pentecostés. El Espíritu Santo te va a regalar el don de la fe. Él va a hacer que tu vida cambie para siempre a mejor, sin duda. ¿No quieres verlo y sentirlo? ¿Te lo vas a perder?

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