Se esfuma nuestra semana grande y, a partir de mañana, toca enfrentarse de nuevo a la cruda realidad del día a día. Parafraseando al célebre poeta, casi con toda seguridad volverán los negros nubarrones y los oscuros presagios a ser el tema de conversación más habitual de los zamoranos. Además, por la proximidad de las elecciones municipales y autonómicas, las semanas que se avecinan son propensas a intensificar los debates sobre los problemas históricos que conviven con nosotros. Ya saben: la despoblación, la fuga de jóvenes, el desempleo, la exclusión social, etc. Hoy, sin embargo, lo que me interesa es estimular a los lectores con una sencilla pregunta: ¿se imaginan que el origen de los problemas de Zamora estuviera en un gen defectuoso, específicamente zamorano, que no cumple correctamente su función?

Si fuera genetista, que no lo soy, casi con toda seguridad recurriría a la genética para explicar los males de esta provincia. Si los genetistas piensan que casi todas las enfermedades físicas (cáncer, diabetes, hipertensión, obesidad, etc.) y psíquicas (depresión, ansiedad, estrés, etc.) se explican por algún gen defectuoso, que se ha vuelto loco y ha dejado de cumplir sus funciones correctamente, en las próximas semanas tal vez sería conveniente debatir si, como piensan algunos, existe algún gen zamorano que también se ha vuelto loco y que, por consiguiente, muchos de los problemas de esta provincia tienen su origen en el funcionamiento defectuoso e incorrecto de la biología comunitaria. Así, desde hace mucho tiempo vengo escuchando que los zamoranos somos expertos en la crítica, el lloro y el lamento permanentes. Si algo va mal en estas tierras, lo más fácil es criticar, llorar o lamentarse. Sobre todo en privado o en la barra del bar. Y el colmo sería cuando creemos que otros deben de ser los encargados de poner sobre la mesa propuestas y soluciones que corrijan nuestros problemas.

Pues bien, un pueblo que critica, llora y se lamenta permanentemente, ¿cómo va a tener tiempo de pensar y de actuar en positivo? Tal vez por eso, si fuera genetista diría que un gen zamorano se ha vuelto loco: el gen de la crítica, el lloro y el lamento permanentes. Pero tal vez hay otros genes que deberíamos de tener muy en cuenta a la hora de explicar algunas de nuestras singularidades. Si, por ejemplo, la administración de turno (local, regional o nacional) propone nuevos proyectos, entonces lo más seguro es que salgan voces discordantes que digan que, por unas u otras razones, esos proyectos son irrealizables. El "no", por tanto, puede ser una de las reacciones o respuestas más previsibles. De ahí que si fuera genetista, que no lo soy, diría que otro gen zamorano anda suelto y descontrolado por estos lugares: el gen del no, que nos impide caminar, avanzar y mirar hacia delante. Este gen aparece muy a menudo. En las aceras de la derecha y de la izquierda. Y, como pueden imaginar, se manifiesta en función de las circunstancias o de los intereses en juego.