En el V Congreso Nacional y VI Europeo sobre Trastornos de Personalidad, que tuvo lugar en Zaragoza en la primavera del 2004, su organizador, el doctor Vicente Rubio, hacía unas manifestaciones a la prensa médica llenas de interés y de sentido común. Tema este que no deja de ser un asunto a celebrar y destacar, pues el más común de los sentidos, como dice el tópico, cada vez con mayor frecuencia es un bien escaso.

El doctor Rubio, jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Nuestra Señora de Gracia de la capital aragonesa, afirmaba que el aumento de trastornos de comportamiento en la juventud actual no se debe a alteraciones psíquicas, sino a la mala educación. Si bien, matizaba, en ocasiones esas carencias educativas desembocan, si no son tratadas a tiempo, en verdaderos trastornos de la personalidad. "En principio, solo son la consecuencia de una lamentable falta de disciplina, de límites y de orden en sus hogares; es importante para la salud mental de los adolescentes que no hagan lo que quieran".

Y este factor no afecta solo a los adolescentes, también los adultos pueden llegar a sufrir desequilibrios emocionales como consecuencia de patrones negativos de moda en la sociedad actual: "El déficit de valores deja el terreno abonado para la aparición de trastornos de personalidad a cualquier edad" -afirmaba, para referirse luego a los programas de telebasura, que tanto se critican y tanto se ven- "precisamente las personas que peor se comportan, las que peor hablan, las que se pegan... son modelos de referencia; y no lo es un genio de las matemáticas".

Concretando ya el campo de lo psicopatológico, "cerca del cuatro por ciento de la población puede verse afectada por trastornos de la personalidad, que se manifiesta en distintos tipos de patología, siendo las más frecuentes el trastorno límite de la personalidad o el trastorno de inestabilidad emocional". Y el doctor Rubio continuó destacando que los trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracones; el maltrato doméstico; las conductas violentas y las drogodependencias, son consecuencias de las alteraciones de estructuración de la personalidad, que suelen estar en su base y que se desarrollan con mayor facilidad ante la falta de límites de una educación carente de valores.

Ángel García Prieto (Psiquiatra)