Dice Rajoy, antes y después del sínodo del fin de semana, que está preocupado por las elecciones de mayo y hasta admite que el PP puede perder en esos primeros comicios del año muchas alcaldías de capitales de provincia, algunas muy importantes como Madrid y Valencia, y diversas autonomías incluyendo asimismo las de Madrid y Valencia, focos principales de la corrupción descubierta en los últimos tiempos. Pero el presidente del Gobierno y del partido en el poder lanza luego un mensaje de confianza a los suyos al asegurar que será el PP quien gane las generales.

Su optimismo se funda, como ya se sabe, en el ligero repunte económico del país, aunque, por ejemplo, la situación de la banca nacionalizada, que cuesta miles de millones al erario público, se oculte lo más posible, y en la bajada de impuestos que dejará unos pocos euros más en los bolsillos de la gente, mientras las tasas indirectas continúan suponiendo más de la mitad de la factura que se paga en los carburantes y otras energías, y el IVA sigue siendo una espina clavada en las cuentas de los hogares, de los servicios y de la casi totalidad de los sectores. Aun así, Rajoy confía en que su partido ganará y las amenazas que pesan sobre el bipartidismo imperante, que tanto loa, no llegarán a hacerse realidad. Lo que vendrá a suponer, a la postre, que el sistema mantendrá los abusos y privilegios de la clase política con sus habituales derroches y despilfarros a costa del bolsillo de los demás.

Pero las voluntaristas palabras del presidente del Gobierno y del partido en el poder están muy lejos de lo que siguen marcando empecinadamente las continuas encuestas sobre intención de voto de los electores. No hay semana sin sondeo. Y aunque estas consultas, por principio, suelen beneficiar o al menos no dañar demasiado los intereses de quien las encarga y las paga, el hecho real es que la mayoría de ellas coinciden en las previsiones, situando a PP, Podemos y PSOE como las fuerzas en liza con resultados casi igualados, lo que se suele denominar como empate técnico, por lo cual todo es posible. Pero de las tres últimas encuestas aparecidas estos días solo una da ganadores a los de Rajoy con tres puntos sobre los de Pablo Iglesias, pero en las otras dos resulta vencedor Podemos, en una de ella con tres puntos más que el PP y nueve puntos más que el PSOE, y en otra con casi diez puntos más que el partido que gobierna.

Muy reñida va a estar la disputa en todos los casos, aunque estos vaticinios se refieran a los comicios generales del todavía lejano noviembre, un plazo en el que pueden pasar cosas, si bien el alza de Podemos parece absolutamente consolidado, lo mismo que la tendencia al cambio. La abstención será, como siempre, un factor muy a considerar por su influencia en los resultados y se cree que estará por encima del 25 por ciento, dado que existe una masa electoral que ante las dudas siempre opta por no participar. Y que existen otras opciones, además de IU y los nacionalismos, y Vox, como Ciudadanos que sigue subiendo en todos los sondeos, y de UPyD, que baja, lo que puede condicionar al final un centro unido con peso propio que puede ser decisivo. El que sigue igual, siendo el líder peor valorado, es Rajoy.