Hace solo unos pocos días, el PP de Zamora pidió al PSOE provincial que apartase de sus cargos al diputado y al alcalde de Rábano ya que ambos están siendo investigados por la Fiscalía por presuntas irregularidades. No parecía el momento más oportuno, desde luego, con el foco del escándalo Bárcenas cayendo sobre destacados dirigentes o exdirigentes conservadores. Pero ya se sabe que los partidos, y los empleados que les sirven, quieren ser voraces con cualquier oportunidad que se presente de acosar al adversario. Aunque en este asunto bien se pudiera aplicar, una vez más, aquello que dijo la sartén al cazo: apártate, que me manchas. Y los hechos han venido a confirmarlo, además, a nivel local.

Porque resulta que igualmente se está investigando, por lo mismo, por presuntas irregularidades a un diputado del PP, uno de esos eternos diputados, que lo ha sido de Obras, de Personal y de algunas áreas más, que ya se sabe que un político vale para todo. (ja, ja, ja?). Lo que ha aprovechado el PSOE, a la que salta, y rápidamente, para exigir a Maíllo, presidente del PP provincial y de la Diputación, que aparte al diputado de sus cargos. Aunque, eso también, precise luego alguno, acordándose de lo suyo, que la misma presunción de inocencia se aplique a los de un partido y al del otro.

O sea, que ya estamos en Zamora metidos en la pomada, igualmente. Los socialistas de Rábano que están siendo investigados declaran su inocencia, y por supuesto lo mismo hace el diputado del PP, alcalde de Villadepera. Por cierto, que unos y otros coinciden en que se les está utilizando. Lo de siempre: culpables, los demás. Lo que se trata de aclarar es si el antiguo diputado de Obras dispensó algún tipo de trato de favor hacia una empresa de la que era socio. Con la diferencia de que mientras desde el PSOE se pidió enseguida la dimisión de sus representantes en Rábano, los del PP, que se sepa, no ha pedido para nada que dimita el diputado al que el fiscal investiga.

En esta cuestión van a enzarzarse un tiempo los dos partidos echándose a la cara las supuestas corrupciones. Por supuesto, nadie se va a ir por propia decisión, que a ver donde les iba a ir mejor. Lo que ocurre es que en tal clase de asuntos, llueven sobre mojado por estos lares. Por mucho que, al final, y como se presumía, todo quedase en nada. Y no solo fue el «caso Zamora» pues años más tarde se descubrió que un diputado del PP servía a ayuntamientos instalaciones eléctricas de una empresa de la que era propietaria su esposa. Total, que entre unas y otras cosas, todas turbias y poco claras, la mosca de la sospecha sobre la oreja resulta que sigue sobrevolando por la provincia, lo mismo que antaño sobrevolaban los maletines, según la denuncia pública del entonces presidente de la Diputación, a quien el hecho le supuso la defenestración mientras otros seguían viviendo tan ricamente.

Hay que esperar el resultado de las investigaciones judiciales abiertas, pero lo que es preciso, en cualquier caso, es que PP y PSOE locales tomen medidas y den explicaciones a los zamoranos. Es lo menos que se les puede exigir.