14 de diciembre de 2012
14.12.2012

La jura de los impuestos

14.12.2012 | 10:27
La jura de los impuestos

El renacido fervor patriótico se concentra en proclamas generalistas a la Constitución, que olvidan mencionar el derecho a un empleo digno y a una vivienda en condiciones. La oleada nacional estalla asimismo en el juramento innovado o renovado de la bandera, a menudo por parte de civiles que se libraron de la condena a un año de cuartel para recibir enseñanzas que podrían impartirse en diez días. A buen seguro que juraría con vigor y marcialidad Gerardo Díaz Ferrán -dos mil euros a devolver en su declaración de Hacienda de 2010- o Francisco Correa de Gürtel -una década sin declarar al fisco y sin sufrir ninguna reprimenda por ello-, o Jaume Matas -defraudador fiscal confeso de 300 mil euros, que siempre hay que considerar una cifra de partida-. Nadie ha puesto en solfa el patriotismo de los próceres citados. En ocasiones, véase la plantilla del caso Malaya, encarnan la más honda españolidad. España no peligra por la desafección a sus símbolos, sino por el desprecio evidente y no siempre reprochado a la Agencia Tributaria. Si la recaudación funcionara mínimamente, las geografías limítrofes se pelearían por acceder a la españolidad, véase el ejemplo de Estados Unidos frenando las ansias anexionistas de Puerto Rico. Un miembro de Bildu -o todavía peor, un separatista catalán- que paga religiosamente sus impuestos, pero se desfoga con ultrajes a la bandera, es más patriota y mejor ciudadano que un ultranacionalista español cuya fe vacila sensiblemente a la hora de cumplir con sus deberes hacendísticos. Los cada vez más emocionantes y frecuentes homenajes a la bandera deberían ser complementados con la Jura de los Impuestos. Los voluntarios desfilarían con la cabeza descubierta bajo el pabellón de la Agencia Tributaria, y se comprometerían a eludir subterfugios para esquivarla. En lugar de presentar armas, esgrimirían sus declaraciones impolutas, en una ceremonia deslumbrante. Históricamente, el patriotismo ha sido la ruina de España, porque los juramentados más gritones prefieren encomendar sus fortunas a la Suiza neutral.

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