Es Alcañices desde tiempo inmemorial cruce de caminos y culturas gracias a su estratégica ubicación, allí donde España y Portugal, dependiendo de los tiempos y circunstancias, se han dado la cara o la espalda. Allí es donde más hispanos y lusos compartieron más matrimonios, fiestas, comercio, folclore y religión.

Prueba de ello es el padrón municipal donde de 1.329 inscritos, 1.049 son españoles y 280 inmigrantes, de los cuales 186 (124 varones y 62 mujeres) son portugueses, 40 de Rumanía, 17 de Brasil y 15 de Paraguay. Que por las calles de la villa puedas encontrarte a vecinos llegados de lugares tan dispares como el Caribe (Cuba), el Magreb (Marruecos), Madagascar, Guinea Bissau, Ecuador, Senegal, Mali, Angola, Argentina, Bulgaria y así hasta de 18 países, viene a demostrar que la cultura de civilizaciones fructifica en la mítica y mística Raya: tierra abierta y acogedora.

Las fiestas de Alcañices han sido durante siglos fuente de intercambio social y económico, también cultural. Presidiendo el Concejo Isidoro de las Doblas y Almagro, abogado de los Reales Consejos, allá por 1752, en un Ayuntamiento con un presupuesto de 5.533 reales de vellón 2.315 se destinaban a los festejos de San Roque, 1.788 para los novillos, toro de muerte, comedia, sermones, danzas y fuegos, más 195 para el pregonero. La convivencia es, dicen, cosa de sabios y, cómo no, de buenas gentes: las alistanas.