15 de mayo de 2012
15.05.2012

Sota, caballo y rey

15.03.2012 | 01:00
Sota, caballo y rey

Temo al hombre de un solo libro. Vale también el antiguo aforismo si ponemos periódico por libro. Resulta obvio (obvio de toda obviedad como suele recalcar cierto tertuliano prepotente) que el lector de un solo diario no debe considerarse suficientemente informado; tampoco el seguidor de un solo debate televisivo puede presumir de estar al cabo del tema. Es preciso contraponer portadas y tertulias para enterarse de los hechos noticiados y entenderlos con mayor acierto. Es muy cierto que ni los periódicos se proponen engañar al fiel lector ni los pontificantes tertulios confundir al repantigado televidente, aunque más de uno se complazca en epatarlo. Estamos en democracia, en la que «todos nos dimos» pondera el tópico; y es bien sabido que en toda democracia los medios de comunicación y opinión son imprescindibles, tanto o más que la clase política. Además, aquí y ahora se encuentran mejor valorados por el personal. Sin embargo, la libertad de expresión no garantiza la objetividad estricta. Se afirma que todo es relativo; entonces dos periódicos pueden ofrecer informaciones contradictorias de un mismo hecho y considerarse objetivos. ¿Son igualmente imparciales? Esa es la cuestión. La imparcialidad está asegurada si se prescinde de las anteojeras que condicionan la visión. Se supone que lleva anteojeras el que se empeña en dar el mismo tratamiento a hechos y realidades distintas. Un acreditado historiador, lamentable fallecido, confesaba haber perdido el interés por los debates televisivos porque eran cosa de sota, caballo y rey: en cuanto el presentador proponía el estado de la cuestión, parecía muy sencillo pronosticar la opinión de cada uno de los tertulianos.

Antes de pasar las vista por las portadas de periódicos expuestas en el quiosco esta mañana, cualquier lector medianamente avisado se habría imaginado los titulares de la información sobre los homenajes a las víctimas del terrorismo y la manifestación convocada por los sindicatos que hemos dado en llamar mayoritarios. La impresión primera e inevitable que produce la lectura de los titulares es que se trata de hechos distintos. Difícilmente pueden compaginarse fracaso y éxito en la presentación del mismo hecho; ni existe la menor concordancia entre interpretar la manifestación como ensayo a medio gas de la huelga o considerarla como una buena preparación para el espectacular evento. Diferencias tan gruesas en la presentación y en la interpretación de la noticia obligan a concluir que alguno exagera sin escrúpulos. Los convocantes (Dios los bendiga si no les molesta) no han querido esta vez poner demasiado énfasis en el viejo contencioso de las cifras; se han limitado a exagerar sin ostensible convicción ni insistencia. La Policía ha calculado en treinta mil los manifestantes en Madrid; por mucho que los mandos sindicales quisieron engordar la cifra multiplicándola por 16 con riesgo inevitable de la credibilidad, la participación no pasará a la historia de convocatorias millonarias. Hay quien dice advertir ya «el cansancio del manifestante», el decrecimiento del entusiasmo por participar en protestas multitudinarias. Es una observación, presuntamente desinteresada, que debieran tener en cuenta los muñidores de la huelga nacional. Con cínico desenfado Rubalcaba pide a Rajoy que la desconvoque, cuando todo el mundo sabe que el pandero está en las manos del exvicetodopoderoso.

Es de lamentar muy de veras la división y enfrentamientos verbales a que ha dado origen la conmemoración, innecesariamente complicada, de la luctuosa fecha del 11-M. Es verdad que los desacuerdos manifestados ayer con evidencia desafiante entre el resto de las asociaciones de víctimas y la presidida por Pilar Manjón no entrañan novedad. La desunión viene de lejos y no parece que pueda arreglarse con una simple sutura y menos con el recurso a otro «comisionado». No hay duda de que abona el pésimo pronóstico la inasistencia de la presidenta de la Asociación 11-M a los homenajes institucionales celebrados en honor de las víctimas, el domingo en el Parque del Retiro, y ayer en la Puerta del Sol y en la Plaza de Atocha. Semejante dolor embarga a Pilar Manjón y Ángeles Pedraza, y el mismo derecho a expresar libremente su opinión les asiste. Pero en ningún caso es tolerable que un acto solemne de homenaje a los muertos queridos se convierta en un mitin político.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine